Tuesday, April 29, 2008

Despenalización

Sunday, April 27, 2008

Romero Murube II

Friday, April 25, 2008

Flamenco en Jerez

Mi guitarrista Niño de Birmingham me señala desde Sao Paulo, Brasil, una reseña de mi charla jerezana en http://www.jerezjondo.com:80/index.php?idx=5&espid=5

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Thursday, April 24, 2008

Más León

RAFAEL DE LEÓN, GRANDE POETA COLEGIAL DE SAN LUIS

El Colegio de San Luis Gonzaga, el llamado Colegio Grande de la Compañía de Jesús, de El Puerto de Santa María, debiera ser el Colegio de los poetas.
Siempre se acude a citar a los consagrados Juan Ramón Jiménez, a Fernando Villalón, a Rafael Alberti y a Pedro Muñoz Seca. Pero se olvida a un poeta, grandísimo poeta, que se formó en las aulas portuenses. Se trata del hijo del Marqués del Valle de la Reina y de la Condesa de Gómara.
¿No me diga Vd. que no ha reconocido en esos títulos nobiliarios a un preclaro poeta que le es familiar desde que la radio no tenía transistores, sino lámparas y una funda de cretona y nada más que se oía el "parte" y aquellas canciones que se llamaban "Amante de abril y mayo"; "¡Ay, Maricruz!; ¡Ay, pena penita, pena!; Callejuela sin salía; Capote de grana y oro; Candelaria la del Puerto; La Caramba; Como a nadie te he querío, Con divisa verde y oro, Coplas de Luis Candelas; Dime que me quieres; Doña Soledad; Francisco Alegre; La Chiquita piconera; La niña de la estación; La Loba; Lola Puñales; Mañana sale; María de la O; No me quieras tanto; Ojos verdes; La Parrala; Picaíta de viruelas; Rocío, ay mi Rocío; La otra; Romance de la reina Mercedes; Romance de valentía; Tatuaje; Tengo miedo; Triniá; Tus ojos negros; Y sin embargo te quiero; Yo soy esa; La Zarzamora...?
Pues cubierto por esos títulos nobiliarios, está el apellido de León, el de Quintero, León y Quiroga. Es decir: Rafael, María, José, Jerónimo, Doroteo, Alberto, Melchor, de la Santísima Trinidad, la Inmaculada Concepción y los Sagrados Corazones de Jesús y de María, de León, Arias de Saavedra, Manjón y Pérez de Vargas, que nació en Sevilla el 6 de febrero de 1908 y murió en Madrid el 9 de diciembre de 1982.
No tengo que decir la fama, justa, de que gozaba el Colegio de San Luis. De toda Andalucía y de parte de Extremadura y aun de bastantes partes de España, se acudía a poner a los hijos internos en este emporio de la docencia y el saber de aquel tiempo.
Desde 1916 hasta 1923 Rafael de León está como alumno interno en el Colegio de los Jesuitas portuense. Y pocas veces he oído hablar de Rafael de León formado en las aulas portuenses, si no fuera porque mi padre fue condiscípulo de él y con él y con algunos otros alumnos, entre los que se encontraba el jerezano Jorge Marenco, en la redacción de una revista que los colegiales hacían, de cuyos contenidos nada se conoce. No sé si porque los Jesuitas de El Puerto cerraron en el curso del 1924 y se dispersaron los alumnos, la mayoría, a los Marianistas de Jerez, el caso es que Rafael de León pasó ese curso a los Jesuitas de Villasís, en Sevilla, externo; después a los Jesuitas del Palo, en Málaga y, finalmente, salió bachiller en los Salesianos de Utrera.
Así que, desde los ocho años hasta por lo menos los quince estuvo Rafael de León, encerrado en el Colegio de El Puerto.
En 1926, en octubre, lo mandan a Granada y allí estudia Derecho.
Lo demás, se mezcla entre la bohemia, la crápula, la canción, el salón de variedades, los lupanares, el teatro, el triunfo y la apoteosis. Y en todos los ámbitos brilló y los llenó con su poesía cantada, entroncada a las más pura tradición española.
Y lo cantaron, entre otros muchísimos, Miguel de Molina, Maruja Tomás; Amalia Isaura; Blanquita Pozas, Miguel Ligero, Conchita Piquer, Lola Flores, Juanita Reina, Manolo Caracol, Conchita Martínez, Paquita Rico, Luisa Ortega, Carmen Morell, Pepe Blanco y hasta Nino Bravo o Raphael; y Rocío Jurado, Isabel Pantoja o María Vidal... y, para colmos, "Centellas". Nunca hubo ni habrá poeta más cantado, ni más repetido. Tanto, que cuando obtuvo su primer resonado éxito con "Rocio", era una constante que en los anuncios por palabras de los periódicos se solicitasen empleadas domésticas que no conocieran la canción "Rocío". Y es que las tatas, las muchachas de servir, las de cuerpo de casa, cocina y lavadero, las de las plancha y las del repaso de la ropa, las mandaderas,... eran unas auténticas sinfonolas que atronaban las casas, las manzanas y los barrios con las canciones de Rafael de León, mientras realizaban las tareas del hogar.
Dígame Vd. si está bonito que, cuando Vd. abre puertas, ventanas, balcones y celosías de su casa, lo que le entra, ahora, son los ruídos de las motos con escape libre. Pues antes, no entraba, sino que salían, por puertas, ventanas, balcones y celosías, las melodiosas notas de "Ojos verdes", o de "María de la O". Una delicia que impregnaba el ambiente de relatos de historias teñidas con ingredientes dramáticos, pasionales, folklóricos, equidistantes entre el neotradicionalismo poético, el cante flamenco, la zarzuela, la revista, los cuplés y las variedades.
Ahora que parece que la copla resurge, que se vuelven a cantar los temas de Rafel de León con nuevos bríos, no está de más recordar que sus comienzos literarios y su formación primera los tuvo en El Puerto, en el colegio de San Luis , el colegio de los poetas.


Luis Suárez Avila

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Wednesday, April 23, 2008

Humor gráfico

Música militar

Véase El Implacable

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Género lírico

Género lírico
Si hay un género literario que goza de buena salud en estos lamentables comienzos de siglo es la poesía lírica. Este siglo es lamentable por muchos conceptos; uno de ellos es el de la llamada política de género, no literario en este caso, sino gramatical. Aunque los géneros gramaticales son seis, a saber: masculino, femenino, neutro, común, ambiguo y epiceno, la clase dominante entiende por género únicamente el femenino, de ahí que el joven siglo haya dado en llamarse el Siglo de la Mujer. Como la realidad es paradójica, la consagración del siglo a la mujer en Occidente corresponde al ocaso del matriarcado en los países situados en la orilla norte del Mediterráneo, en que el culto de la Mamma siempre estuvo unido al de la Madonna. En detrimento de ese doble culto se adopta un laicismo de baja ley reforzado por una cultura de la muerte y una confusión de los géneros, o dicho con más propiedad, de los sexos, atribuyéndoles respectivamente funciones impropias. La mujer lleva siglos, no sólo ejerciendo el matriarcado, sino desempeñando a veces mucho mejor que el hombre aquellas funciones comunes a los dos: el cultivo de las artes y las letras por ejemplo. En una academia de provincias, coto hasta entonces masculino, hizo su ingreso una profesora universitaria, que se creyó en el caso de brindar al feminismo ambiente con un ataque en toda regla a Juan Luis Vives y a fray Luis de León para a continuación poner como ejemplo a una señora del siglo XVI que era la ilustración fehaciente de lo que Vives y fray Luis entendían por “perfecta casada”: una ejemplar madre de familia que supo al enviudar sacar a ésta adelante y administrar su fortuna tan bien o mejor de lo que lo había hecho su difunto esposo. De haber sido consecuente con sus críticas iniciales, la segunda parte del discurso debería haber puesto como ejemplo a la Lozana Andaluza o a la Monja Alférez, prototipos de mujeres liberadas.
Viene todo esto al hilo de dos excelentes poemarios caídos últimamente en mis manos, ambos de sendas poetisas de diversa edad y condición, pero que tienen en común el escribir una poesía que ningún adjetivo puede rebajar, y es que, como ya dije alguna vez, en el pérfido mundo de la crítica literaria, a la mujer se la solía disminuir por el género y al hombre por la geografía, cuando no últimamente por la raza, que es como las feministas han llegado a borrar del mapa a Shakespeare por ser hombre, ser blanco y estar muerto. Yo no sé si alguna de estas dos poetisas es feminista; lo que sí sé es que no lo es su poesía, que es poesía sin más, poesía sin adjetivos. Una, Julia Uceda, está dentro de la tradición de la poesía social y de la poesía moral del llamado “páramo”, sobre la que tiene la ventaja de un mayor caudal de lecturas y de la inmersión cultural en las literaturas anglosajonas, y a través de ellas, en las de otras lenguas, concretamente del Extremo Oriente. Hace muchos años, cuando éramos jóvenes, el bibliófilo sevillano don Miguel Romero Martínez la llamaba “musmé del jardín de nácar” o algo parecido, y desde luego la forma poética que más cuadra con su delicada menudencia es el hai-kai, hai-ku o como se diga. Pero las apariencias engañan, y en vez de aprender el rito del té o el arte de las flores, aquella “musmé” se empeñó en hacerse bachillera y licenciada y doctora para profesar aun más a Occidente, en los potentes y grandes Estados Unidos. Su tesis fue sobre el malogrado poeta montañés José Luis Hidalgo, autor de un único libro titulado Los muertos, poeta a cuya devoción uniría la de otro montañés, José Hierro, y de hierro sería la armazón poética de tan frágil y delicada porcelana. A las posibles influencias de esos años se unirían las muy inmediatas de Thomas Merton, cuya amistad compartió con Manuel Mantero, o Kenneth Rexroth. La atracción de las brumas hiperbóreas - Michigan, Irlanda, Galicia – y la posible seducción de los mitos celtas no le hicieron olvidar sus auténticos orígenes y codirige La barca de loto y al frente de su Zona desconocida estampa una bella cita del poeta japonés del siglo XIV Daito Kanushi, un hai-kai por cierto. Hay en el libro un poema que no tengo más remedio que destacar, pues es una reflexión ante los soldados que van a la guerra, una reflexión que es una imprecación a un Dios en el que no creo que crea demasiado y al que por lo pronto se le da la espalda. Algunos de estos soldados norteamericanos tienen nombres hispanos, y eso es lo que debe de haberla movido a escribir el poema; al menos fue el apellido español de un caído de esa nación lo que me movió a mí a escribir mi elegía. Pero ahí acaban las analogías, pues la poetisa piensa además en las víctimas de la guerra, como “la niña de Bassora… que pregunta: Dios,¿dónde están mis pies? …¿Quién se ha llevado mis pies?” Una pregunta semejante debió de hacerse Irene Villa y más de uno de los mutilados de la Cafetería Rolando.
También algo viajera ha salido la portuense Inmaculada Moreno, pero las únicas citas de su libro Igual que lava oscura son de poetas nacionales, a saber: su paisano Alberti, el bilbaíno Otero y el cacereño Valverde. Si la Uceda nos está dando un testimonio del mundo que la rodea, los poemas de la Moreno son pozos oscuros de su mundo interior en los que ella sabe poner claros de luna y macetas de aspidistras. Si entre estos ornamentos no cae en sensiblerías propias de su sexo es porque para ella el poema “es una arquitectura de emociones / que utiliza palabras / y fría inteligencia”. Pero aun así no tiene más remedio que registrar el paso del tiempo “como un río de lava oscura” y ver en el dolor un “volcán de sangre y hierro” por mucho que trate de aislarlo “sobre un cristal y al microscopio, / como un experimento.” El que Inmaculada se haga preguntas terribles no es incompatible con su afirmación de la vida que la rodea, de la que extrae sus grandes instantes de felicidad, a la vez que crea las cosas al nombrarlas como antes que ella había hecho “un Dios adolescente”.
Muy distintas son entre sí como puede verse estas dos poetisas, pero no son de las que dejan indiferente al lector. Cada una de ellas impresiona a su manera, y lo que yo les veo en común es que no son encasillables en lo que en la jerga del momento cabría denominar “poesía de género”.

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Tuesday, April 22, 2008

Penas

Monday, April 21, 2008

El espíritu de UCD

Rajoy no quiere liberales ni conservadores; Esperanza no quiere "homófobos"(?) ni franquistas. ¿Por qué no se ponen de acuerdo y se apuntan de una vez al PSOE?

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Romero Murube I

Rafael de León

Wednesday, April 16, 2008

Humor familiar

Tuesday, April 15, 2008

Alcaldadas

Véase Análisis Digital

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La esperanza como apocalipsis

A través del blog "Al margen delos días" de Enrique Baltanás, he tenido acceso a la Entrevista que el P. Carlos Mendoza le hace en Letras Libres a René Girard.

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When insults had class

WHEN INSULTS HAD CLASS
"He has all the virtues I dislike and none of the vices I admire."- Winston Churchill

"He can compress the most words into the smallest idea of any man I know."- Abraham Lincoln

"Thank you for sending me a copy of your book; I'll waste no time reading it."- Moses Hadas

"A modest little person, with much to be modest about."- Winston Churchill

"I've had a perfectly wonderful evening. But this wasn't it."- Groucho Marx

"He has no enemies, but is intensely disliked by his friends."- Oscar Wilde

"I am enclosing two tickets to the first night of my new play; bring a friend.... if you have one."- George Bernard Shaw to Winston Churchill

"Cannot possibly attend first night, will attend second... if there is one."- Winston Churchill, in response

"I feel so miserable without you; it's almost like having you here."- Stephen Bishop

"He is a self-made man and worships his creator."- John Bright

"He is not only dull himself, he is the cause of dullness in others."- Samuel Johnson

"He is simply a shiver looking for a spine to run up."- Paul Keating

"He had delusions of adequacy."- Walter Kerr

"There's nothing wrong with you that reincarnation won't cure."- Jack E. Leonard

"He has the attention span of a lightning bolt."- Robert Redford

"They never open their mouths without subtracting from the sum of human knowledge. "- Thomas Brackett Reed

"He inherited some good instincts from his Quaker forebears, but by diligent hard work, he overcame them."- James Reston

"He loves nature in spite of what it did to him."- Forrest Tucker

"Why do you sit there looking like an envelope without any address on it?"- Mark Twain

"His mother should have thrown him away and kept the stork."- Mae West

"Some cause happiness wherever they go; others, whenever they go."- Oscar Wilde

"He uses statistics as a drunken man uses lamp-posts... for support rather than illumination."- Andrew Lang

"He has Van Gogh's ear for music."- Billy Wilder
!

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Monday, April 14, 2008

Criminología

Monday, April 07, 2008

Charla flamenca en Jerez de la Frontera




(Ampliar imagen pinchando dos veces)


Miércoles, 16 de febrero de 2008

LITERATURA Y FLAMENCO
Conferencia de Aquilino Duque. Ilustrada por el cante de Antonio Reyes y por la guitarra de Antonio Higueros
Lugar: Cabildo Viejo
Hora: 20.00

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Sunday, April 06, 2008

El Coloquio de Graz

Cine y Modernidad
A fines de junio de 1997, el Colloquium on Violence and Religion, COV&R para abreviar, celebró en Graz su conferencia annual sobre el tema Cine y Modernidad: Violencia, Sacrificio y Religión. Tuvo lugar esa conferencia en coincidencia y en cooperación con la Segunda Asamblea Ecuménica Europea y con el Departamento de Estudios Norteamericanos y compartió con COV&R su patrocinio el Departamento de Teología Fundamental de la Universidad de Graz.
También prestó una valiosa aportación el Instituto de Teología Moral y Ciencias Sociales de la Universidad de Innsbruck.
COV&R nació hace unos años en torno al pensamiento y la obra del Profesor René Girard, hoy catedrático honorario de la Universidad de Stanford, y actualmente ocupa su presidencia el profesor de la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, don Cesáreo Bandera, de quien la Universidad de Sevilla acaba de publicar la versión española de El juego sagrado, obra que tiene mucho que ver con los planteamientos de Girard y con los objetivos de COV&R. Esos objetivos consisten en “explorar, criticar y exponer el modelo mimético de la relación entre violencia y religión en la génesis y el mantenimiento de la cultura.”
Pieza central en la explicación sacrificial de la historia de las religiones es el chivo expiatorio, sobre el que el pueblo descarga sus pecados y con cuyo sacrificio se redime ante los dioses. La gran revolución del cristianismo consiste en que el Hijo de Dios sustituye al chivo expiatorio de una vez por todas al ser El quien se sacrifica para redimir a la humanidad de sus pecados. Pone así el cristianismo punto final a los sacrificios cruentos, humanos en muchos casos, de las religiones primitivas, y traza una divisoria entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre los que media toda la distancia que va de la condena y la venganza al perdón y al amor.
En el pensamiento de Girard hay muchas más cosas, como puede comprobar el que se asome a sus libros, traducidos a diversos idiomas, entre ellos al nuestro, - Anagrama tiene varios títulos suyos - y otro elemento importante es el del comportamiento mimético, concepto que, puesto en español castizo, podría traducirse con la democrática expresión nadie es más que nadie. Las repercusiones psicológicas de ese comportamiento son bien complejas y yo las resumiría con el expresivo título de un importante ensayo de Fernández de la Mora: envidia igualitaria. El profesor Bandera, en su libro Mimesis conflictiva, publicado por Gredos, dice precisamente que la violencia se da en la rivalidad y la competencia entre iguales o que por tales se tienen.
Que la violencia - y el sexo - ocupan un lugar predominante en la cinematografía contemporánea es cosa fuera de toda duda, y precisamente por eso el Coloquio de Graz tuvo por tema el Cine y la Modernidad. Para poder discutir con conocimiento de causa se proyectaron unas películas hechas por auténticos “virtuosos” - valga la expresión - del sexo y la violencia. El que suscribe concurrió como aquel que dice con la escopeta cargada, es decir, con una ponencia sobre el cine moderno y la crisis de los valores humanos en la que en esencia se venía a decir que el cine que ahora tenemos que soportar es consecuencia del cambio social sufrido por Occidente a partir de los años 60, en cuya virtud los valores humanos han sido sustituidos por los derechos humanos. A título de ejemplo, baste indicar que el libertinaje sexual ya no es un pecado, sino un “derecho humano”. Lo mismo cabe decir de la violencia, cuyo monopolio recupera el hampa de manos de un Estado inerme y una sociedad permisiva. Títulos como Pulp fiction, The bad lieutenant, King of New York, Underground ejemplifican esa orgía de celuloide que sus partidarios justifican con la moralina de la Modernidad. La utilización por Ferrara o Kusturica de símbolos cristianos y objetos de culto en sus cintas aberrantes puede que obedezca a fines piadosos, pero los resultados son blasfemos y obscenos. En el cine lo que cuenta son las imágenes que se presentan, no los presuntos buenos propósitos del presentador. Naturalmente no fui yo el único que en Graz no se mordió la lengua, y entre los demás reaccionarios - o reactivos - destacó el pastor metodista y miembro del Instituto de Estudios Estratégicos de la Universidad de Stanford, Robert Hamerton-Kelly quien no dejó pasar sin calificar ninguna de las imágenes sacrílegas, junto a las cuales las de Buñuel son cromos piadosos, ante las que ponen los ojos en blanco muchos católicos europeos.
Los católicos europeos, y a su cabeza los germánicos, deben de considerarse reos o cómplices de dos cosas: la Inquisición y el Holocausto, y todo lo que hacen y dicen está condicionado por cierta mala conciencia, de suerte que la paja en el ojo propio les impide ver la viga en el ajeno. Lo de la paja y la viga no lo digo a humo de pajas, pues tanto la Inquisición como el Holocausto, sea cual fuere el veredicto de la Historia, son formas de violencia sacrificial que pertenecen al pasado y ante las que por lo visto carecen de importancia las violencias del presente. Estas violencias que el Cine no escatima hoy en día se justifican según sus autores con las violencias que ocurren en la vida real y que ellos no hacen más que denunciar. La “denuncia” suele ser la moralina que encubre el placer morboso de la contemplación del mal; es uno de esos tópicos de la Modernidad de los que, desde Sade hasta Wilhelm Reich pasando por Sacher-Masoch, se ha hecho un uso abusivo. Ese tópico desgastado con el uso, vale menos como acusación que como pretexto y estímulo en una sociedad en la que, en el mejor de los casos, se da al Bien y al Mal igualdad de oportunidades. De hecho, una de las películas proyectadas y defendidas y justificadas por su autor con argumentos de la la laya antedicha, Funny games, del austríaco Haneke, ha inspirado ya jueguecitos criminales como los que con un refinamiento sádico se describen en la película. Los partidarios de este tipo de cine se defienden alegando que estas películas no están concebidas para grandes públicos, sino para los “intelectuales”, que constituyen un público minoritario y selecto. Da la casualidad de que, en nuestra sociedad sin clases, ser “intelectual” está al alcance de todo aquel que compre determinada prensa, escuche determinada música, vote a determinados partidos y profese las ideas de moda, y que es esa “intelectualidad”, que ha sustituído lo que Koestler llamaba the worship of the proletarian por the worship of the low-down, es decir, la veneración del proletariado por la veneración de la piltrafa humana, la que garantiza los millonarios éxitos de taquilla de las películas de Ferrara, Tarantino o Scorsese. Basta que estas masas encefálicas se enteren de que tal o cual película es un cult movie, para que acudan a contemplarla como acuden a los conciertos de rock, en "manadas numerosísimas".
Los aficionados a esta clase de cine insisten en distinguir entre estas películas “minoritarias” y las demás películas de violencia, sin mensaje subliminal o con mensaje incómodo, como las de Stallone o Schwarzenegger, con las que Hollywwod hace su agosto. Ya en su día, Pasolini reprobaba el tratamiento por cineastas comerciales de asuntos escabrosos, que sólo él por lo visto tenía bula para filmar. El caso es que este cine “refinado” es tan zafio como el otro, y su sutil mensaje ético va envuelto en un lenguaje soez hablado por personajes que son auténtica escoria social. Si hay alguna diferencia, está en los asuntos en los que se entra a saco y con los que se hacen mangas y capirotes. Un crítico de cine, al comentar el Hamlet de Branagh, se refiere, no sé si con elogio, al hecho de que éste se haya “permitido licencias: la explicitación sexual de los amores de Hamlet y Ofelia”, y desde luego señala su preferencia por escenas tales como la de la carnicería final, “una especie de holocausto de todos los personajes, con la sangre derramada sobre el barroco y fastuoso marco. . .” Yo he tenido que soportar en la Volksoper de Viena una Così fan tutte con doble adulterio “explicitado” en sendas camas. A esta mentalidad hay que atribuir el notorio deterioro, por ejemplo, del Festival de Salzburgo y de la Bienal de Venecia.
Aun dando por buena la afirmación de que esa manera de entender el arte es la que mejor se ajusta a una sociedad violenta y libertina, hay que decir que esta sociedad es violenta y libertina por la sencilla razón de que, en nombre del “progresismo”, ha retrocedido a una barbarie precristiana. Los ritos sacrificiales de la Modernidad neopagana, de la Modernidad de la “muerte de Dios”, son ritos dionisíacos puros y duros, dignos de la pompeyana Villa de los Misterios. Con razón se pudo decir en Graz que el cine proyectado en el Coloquio era la expresión artística del triunfo de Dionisos sobre el Crucificado.
La sombra de Nietzsche se proyecta, querámoslo o no, sobre nuestra época y nos ayuda a entenderla. Ya nos ha hecho hablar de la muerte de Dios y del triunfo de Dionisos, como antes nos sopló lo de la moralina, palabra que cobra relieve si la unimos a otro concepto de Nietzsche, que es la Modernidad. La moralina de la Modernidad es la llamada “corrección política”. La “corrección política” es el manto de respetabilidad de nuestra sociedad neopagana. El paganismo de la Modernidad supone, repito, un retroceso a los ritos sacrificiales de las sociedades primitivas y, en el campo del monoteísmo bíblico, un retroceso del Mesías que expía y perdona a un Yahvé que no olvida nunca y castiga implacable a los enemigos del “pueblo elegido”. Da la casualidad de que la “corrección política”, aliada al terrorismo cultural, permite o fomenta el sacrilegio y la blasfemia, siempre que el objetivo sea el cristianismo. Hace unos años, unos amigos judíos de Filadelfia me comentaban indignados la prohibición en Nueva York de una exposición y la decisión del Congreso de suprimir toda subvención federal para cierto tipo de arte. En esa exposición había, entre otras cosas, un crucifijo en un bote de cristal lleno de orines. Yo me pregunto cuál habría sido la reacción de mis amigos judíos si en ese bote, en lugar de un crucifijo, el “artista” hubiera metido una reliquia del Holocausto. En el encuentro de Graz hubo quien, después de demostrar con estadísticas la nefasta influencia de la violencia cinematográfica y televisiva en los jóvenes y adolescentes de los ghettos, arremetió contra “la barbarie cultural cristiana” que reacciona contra esa violencia con algo más contundente que con vigilias laicas o lacitos de tal o cual color. Las reacciones contundentes sólo están autorizadas por lo visto para los “teólogos de la liberación”, que encienden una vela a Ghandi y otra al Che Guevara. También Dionisos tiene agentes infiltrados, compañeros de viaje y tontos útiles.
Yo resumiría la estética del Cine de la Modernidad con una frase castiza de la imaginería religiosa española: A mal Cristo, mucha sangre. De las películas que se nos infligieron en Graz, la única que resistí hasta el final, fue Dead man walking (Pena de muerte), que contra lo que se diga por ahí no es una película contra la pena de muerte, sino sobre la pena de muerte, hecha con toda la honradez compatible con el mal gusto del tema. De las demás, me salí apenas iniciada la proyección, pues, como ya avisaba en mi ponencia, yo no soy masoquista. Pulp fiction era una de ellas, y a los pocos minutos de estar aguantando a aquel par de chulánganos, tomé el portante, pues me parecía un pecado malgastar de aquel modo una gloriosa mañana de junio. Tomé el tranvía y me fui a callejear por la bella ciudad barroca a caballo sobre el Mur; entré en una librería y vi un libro de Botho Strauss, lo abrí al azar y pude leer: “No pude evitar una sensación de instintivo rechazo cuando vi el horrible film Pulp fiction, cuyas cualidades cinematográficas me hacían aun más repulsivo.” En la contracubierta de ese libro se reproduce uno de los aforismos que contiene y que puede ser también un juicio resumido del Cine de la Modernidad: “Cuánta anticipación del Infierno. Cuán poco regusto del Paraíso.”
El sábado, ya en Viena, el tráfico por el Ring quedó paralizado por la monstruosa manifestación del Día Mundial del Sodomita. Era el triunfo de Dionisos. La mascarada de la Modernidad.

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For the benefit of my English-speaking readers

Modern film and the crisis of human values
In illo tempore, when the Roman Catholic Church wielded some power in Spain, a Human Values Film Week used to take place at Valladolid. The notion then was that cinema could be used as a means to educate the people. I do not know if Valladolid has kept any kind of Film festival at all; but I am sure that, if such a Festival still exists, it will have little to do with human values. Spain is in this respect no different from the rest of the civilized nations, which have finally deigned to welcome her into their fold. In order to deserve such honour, Spain had to shed some bad habits which for centuries had kept her in a state of anything but splendid isolation. One of these bad habits was to promote human values through motion pictures in festivals like the one at Valladolid. It was high time that Spain should do as the civilized world had done before her. I do not know if this behaviour fits in Professor Girard´s mimetic pattern. At any rate, why should Spain be different from everybody else? Gone were the dark ages when Spanish subjects felt proud of belonging to a country that was “different”. At long last subjects became citizens and human values were replaced by human rights.
It is in the name of human rights, that the citizen has the right to reject those “human values” concocted by Church and State, especially since those “human values” are not legal tender any more. Such “human values” implied a code of conduct aimed at making good subjects, while, on the other hand, human rights are the conditio sine qua non of good citizenship. And any good citizen has the human right to refuse being patronized by Church and State. In other words, no citizen is to be indoctrinated or “brain-washed” by the Establishment.
When “human values” film was riding high, the film industry enjoyed a sort of protectionism. Certain films would be pronounced to be “of national interest” and Censorship would do the rest. Censorship was supposed to prevent moviegoers from exposure to foreign ideas that might be detrimental to human values, and in fact tried to protect the national film industry from competition with foreign ones.
Film Censorship was by no means invented by the Spanish Inquisition. Film Censorship came to life in the America of the New Deal and it has a name - the Hays Office. The America of the New Deal believed in human values and knew how to make them compatible with human rights, and in the name of both fought a war and created the Hays Office. It was under the sway of the Hays Office that American moviemaking came of age and reached its golden age. The movies of that period promoted all the myths that allowed the American utopia to come true. Hollywood was a tremendous propaganda machine that promoted the human values that had made Americans well deserving of their human rights. Let me say that human values are the sum of human rights plus human duties. I always wondered why the United Nations did never publish a Universal Declaration of Human Duties that would match the Universal Declaration of Human Rights. Professor Alvaro d´Ors has explained that it is so, because that Declaration already existed. It was proclaimed by Moses to the people of Israel on Mount Sinai.
Hollywood set not only patterns of conduct but standards of beauty as well. Girls were glamorous, matrons were good cooks, boys handsome, men reliable and villains just villains. The picture, we must confess, was rather naïve, but a people, as the American people then was, in the throes of Depression, needed it very badly in order to believe in itself , pull itself together and face the formidable challenges of that time. Movie actors had also to be very careful off stage and live up to the moral standards they usually embodied in the screen. I do not mean to say that all would lead an impeccable private life, but the carryings on of many of them would not be touted or flaunted about lest their careers be jeopardized. Image means everything in the show business.
This rosy picture was by no means uniform. Evil had an important role to play; only it did not usually get mixed up with good and, as the morale went, “crime did not pay”. There were pirates, racketeers, double-dealers, wheeler-dealers, arms dealers , crooks, carpetbaggers, slave-traders, secret societies, foreign agents, but in the end the good guy, the “all American”, the embodiment of the American Dream, prevailed over the “public enemy number one”, in other words, over the “enemy of the people”. There were also scapegoats.
When Hollywood rallied to the war effort, the picture remained mostly unchanged; human values came to the rescue of human rights threatened by the forces of evil unleashed overseas. Germans and Japanese replaced red skins and XVII century Spaniards as scapegoats and, for brief spells during the Cold War, were joined by Soviet agents and Third World terrorists.
The 60’s did away with all that. The motion picture industry freed itself from the shackles of Censorship and had to cater to a new sensitivity. The only thing it kept from old times was some of the old scapegoats. Peaceful coexistence and the Vietnam war toned down the Soviet menace and turned terrorists into freedom-fighters, thus leaving the scapegoat role to Nazi Germany alone. The New York Times Sunday Magazine published an interview with the Spanish-Mexican moviemaker Luis Buñuel, who said that any man with a scale of values was a Fascist. Thus, from then on, human values became part of the parafernalia of the Scapegoat by excellence. No wonder, then, that Spain, an offspring of the Scapegoat, tried to promote them through the Valladolid festival.
In the mid 70’s Spain managed to shake off its fetters. Nothing could now prevent Spanish filmmakers from keeping up with their foreign counterparts. Finally Spain was in a position to give to the civilized world what the world always expected from it. The free world wanted Spain to change and Spanish films were the harbingers of that change. One of the human values of old that went down the drain in the process was the obsolete notion of patriotism. The Spanish film industry made a point of deriding everything that old Spain used to stand for, and very particularly Religion, motherland and family. Many Spaniards have taken to love their country, not only for the feats of its discoverers and conquerors, but for the accomplishments of its painters, its geographers, its architects, its men of letters. Men like Cervantes and Velázquez make me proud of being Spanish. Spanish pride has been one of the ingredients of patriotism. This is why the present Spanish film industry did apply itself as soon as it could to show that being Spanish was nothing to be proud but rather to be ashamed of. It is actually with a deep feeling of shame that I have often come out of a theatre in a foreign country after watching some film product with which my fellow-countrymen stun the world nowadays. If I had any patriotism left, that took care of it.
Not being a masochist by inclination, I have not watched so many films as I ought to and, among the few that I have watched, I find it rather difficult to single out one or another. Actually, I have a confession to make; for me, going to the movies today is like for a child taking a medicine or for a convict climbing the stairs of the scaffold. This does not mean that I am not aware of present trends in moviemaking. We live under the rule of the media and it is very difficult to escape the movies that are imposed upon us in means of public transportation or in the homes of inconsiderate acquaintances.
In the daily life of the Spanish people, television has taken over the role the Church used to play. The spiritual influence of religion has been replaced by the influence of the media. The television set is to common people what the pulpit and the confessional used to be. I suppose that this applies to all Spanish-speaking countries, with the exception of Argentina, where the television set must have replaced, not the confession booth, but the psychiatrist´s couch. Family counselor and oracle, television has wrenched from the Pope the dogma of infallibility, with this difference, that the Pope is infallible only when he speaks ex cathaedra, which happens seldom, while television is speaking ex cathaedra all the time. Besides, in many Spanish households the television set is permanently on, as a sort of sacred fire, as the domestic hearth of lares and penates.
This is why no one is free from exposure to modern cinema. Willy-nilly one must get acquainted with samples of a cinema where sex and violence count more than human values. One of the aims of the media, and film is one of them, is to contribute to the education of the masses. This was already so in the times of Lunacharsky and Goebbels. Now as then, educating the masses means making them “politically correct”. In order to be politically correct, the masses must discard all the taboos that a repressive education had imposed upon them in the name of human values. Many of these taboos had to do with sex. If the Church used to emphasize the Sixth Commandment - or the Third Deadly Sin - , so does the film industry in an opposite sense, of course. Sex is no more a sin, but a human right. Free speech is also a human right, but we know all too well that by “free speech” filmmakers understand what used to be called “foul language”. Words that in the good old times of human values could not be uttered “in mixed company”, are nowadays used by women with no inhibition whatsoever.
Racism is the denial par excellence of human values. Racism is, to say the least, unchristian. If there is anything for which the media might be commended is their insistence in putting racism in a bad light. However, this noble purpose is frustrated when it is pursued through the wrong means. The film Much ado about nothing is an excellent film by any standard, but it has two flaws. These flaws are due to the toll Art must pay today for the sake of “political correctness”. One has to do with sex and the other one with race. The film and the play it is taken from revolve about the notion of chastity. However, its first sequences manage to convey ribald innuendoes, when the viceroy and his party burst in the palace at full gallop, undress themselves and jump into the water while the women in the same palace are undressing to do the same. Male and female bathe separately, but the scenes are filmed so cleverly as to drive home a powerful erotic message. The other thing is the impersonation of the Spanish Viceroy by a black actor, while his half-brother, who happens to be the villain and is a bastard in every sense of the word, is played by a white man. Fiction can be fantastic but always should be plausible, especially if it is set against a precise historical background. Both actors ought to have swapped roles, if only for the sake of likelihood. The normal thing for a nobleman to do at the time was to marry into his own social class and eventually take a mistress who could very well be a slave girl from Africa or America, who would present him with beautiful bastards.
Here is another case of breakdown in verisimilitude for the sake of “political correctness”. In order to prove that Spain had actually changed and had broken all ties with its history, a production of Verdi´s opera Don Carlos was staged at El Escorial monastery, of all places. The villain in that opera, and in Schiller´s play, is Phillip II, who, in the above said production was impersonated by a black singer. It may be argued that the role of Othello has always been played by white comedians or white baritones, but they have had to make themselves up like Negroes, sometimes with very convincing results, as in the cases of Orson Welles and Laurence Olivier. The opposite is rather unlikely, we must admit. It would be quite a challenge for imagination to picture oneself a Hapsburg ruler in the skin of, say, Paul Robeson. I discussed once the subject with a friend who is also fond of opera and cinema and he argued that he did not see anything wrong with that, for it was high time that audiences should get familiar with certain facts. My idea is, on the contrary, that such facts - colour-blindness for that matter- happen to be a matter of opinion. If the antiracist message is too obvious and too crude, it may prove self-defeating.
Let me say that I approve of the use of the media to combat racism; for I am old fashioned enough to be for the educational role of the media. The trouble is that the media do not confine themselves to the teaching of human values, as they purportedly do in the fight against racism, but they promote at the same time patterns of behaviour that are an utter denial of any human value whatsoever.
There is no movie that does not carry a message. In other words, there is no single movie that, one way or another, does not indoctrinate the masses. In the old times the masses used to be lulled into stupidity with canned laughter sitcoms. Now they are told that the proper thing to do is not to wince in front of the worst aberrations of human nature. Take a recent film like The king of New York. An ex convict comes out of prison and tries to rebuild his empire by eliminating other mobsters. He is a sadistic killer and no gory scene is spared the spectator. In the long run, all he does is to take justice in his own hands. So do some cops and pay for it with their lives. The lesson is that law and order are to be left to tricky lawyers and corrupt politicians, who after all have been elected by the people. I have not yet made out if the hero is a villain or the villain a hero, for not only is his the only dignified death in the whole film, but he exposes all the vices and malfunctions of democratic society and, on top of all, he has developed a case of AIDS. The only thing the spectator has to do is to pay him homage by pinning a purple ribbon on his or her lapel.
Enough of a film I do not intend to watch ever again. On the other hand, there are pictures I never tire of watching. One of them is Babette´s Feast. Another one is L’albero degli zoccoli. Off-hand I cannot think of other titles, but I am sure that there are a few more that redeem moviemaking from its present murkiness. It is something if you come out of a movie theatre without thinking of suicide. The films I have just mentioned bring out everything that differentiates human beings from animals. That is, they are films about human values. They show that life is worth living and that happiness is to love your neighbour. They do not conceal the fact that life is strife; that people not always make the right choice; that our trespasses can be forgiven if only we forgive those who trespass against us. In order to reconcile himself with others, a man must first reconcile himself with his own self. And this is done by reconciling body and soul. This reconciliation should take place not only at the deathbed, but all life long, when the body is healthy and the spirit is full of zest. René Girard has acutely observed that there are two sorts of reconciliation in extremis, depending on which paragon one sets for oneself in life. If this paragon is materialistic, the thing for a man to do is to reconcile himself with his own self and forget about the people he tried to emulate. If, on the other hand, the paragon is idealistic, say, spiritual, the dying man will reconcile himself with his community. The first case, according to Girard, would be Julian Sorel´s in Red and Black; the second would be Don Quixote´s. In Babette´s Feast reconciliation does not have to wait to the last moment. It is not achieved at the deathbed but at the dinner table. And it is not only a reconciliation of village people with each other; it is a reconciliation of everybody with his or her own past, with the life they had led, for which and for the meal Babette fixed they say grace, they thank Him who decided for them, for, after all, everyone but Babette is a Lutheran.
Somebody said in France that you do not make good literature with good feelings. That cynical remark can be applied to cinema too and I am tempted to agree with it, for the fact is that good feelings are not enough when a work of art is in the making. Actually, good feelings pose quite a challenge and you have to be a Dante, a Cervantes, a Shakespeare or a Goethe in order to be able to face and overcome it. Human values by themselves do not make necessarily good pictures. A picture about human values should never be made to look like a propaganda film. It takes more than good feelings to make a good film, say, against racism.
In one of the cultural programs conducted in the French television by Bernard Pivot, someone accused the then Minister of Culture of trying to set cultural standards and treat the people as if they were schoolchildren. The dominant idea in that round table was that the Government agencies and the media must confine themselves to find out the tastes of the people and give them what they demand. A man is a human being. Three men could be a team; four men are already a gang, and a crowd is a herd. Herds have a natural disposition to fall upon all fours. This is why the media and Governments find it easier to drive them to the pastures they prefer than to set standards that would make them stand on their hind legs.
A French lady I used to know in Rome told me once that she did not want her daughter to get a religious education because that was lavage de cerveau. Lavage de cerveau (brain-washing) is a Cold War term that in France has replaced the prewar bourrage de crâne (skull-stuffing). People that allegedly refuse to be “brainwashed”, say, by teachers or scholars, lend themselves to have their skulls stuffed by the minstrels and charlatans of our time. But I would say this; that this is not the people´s fault. People do not know any better. People always do what they are told to do. I know a publisher in Spain who boasts of being capable of making a best-seller out of a book of blank pages. Actually, none of his best-sellers is a book of the sort. All the books he sells by the thousands are printed, but they are almost invariably trash. I am persuaded that with the same effort he could equally peddle good literature.
Whenever I look at the “people” or the “crowd” or the “masses”, I think of the individual human beings who make them up and whose human values are ruthlessly trampled by the very ones who pay lip service to “public opinion”. I am old enough to remember the times when a masterpiece could be a box-office hit. I could go on for hours citing pictures that became a world success. Take some of Pabst´s or Murnau´s or Hitchcock´s or Max Ophüls´ masterpieces. Take a film with such a fine acting, such a well contrived plot and such a demanding content as All about Eve. Was Der blaue Engel or Shanghai Express ever a flop? None of these films was about human values, but they were not against them either. They were meant to entertain, not to make despair. What shall I say about the filming of plays like Shaw´s Pygmalion or Shakespeare´s Hamlet? I saw a dubbed version of Laurence Olivier´s Hamlet in the back yard of a Spanish tavern many years ago and I can assure that the whole village was there and enjoyed the film. Then I understood how Culture can easily reach all kinds of people, provided those who own it are in a position and have the will of imparting it.
However, nobody can give that, which he has not. The trouble with our time is that there is no leadership. Robert Michels used to say that leadership and democracy are incompatible. This was not always so. Some democratic rulers in the 30’s and 40’s were leaders. A leader is a man who knows and shows the way. When a man knows the way he may also know what Culture is about. Then, he has every right to tell the people which way to go.
This is not so nowadays. Even cultivated statesmen, like the late French President Mitterrand, are above all politicians and, culturally speaking, bow to the mob rule. This is done by privatizing the media. Privatizing the media does not mean giving them out to the “people”. It means putting them in the hands of big money, and big money usually has little use for human values. Human values mean very little for those who control the mass media, and shape through them “public opinion”. These people are certainly no leaders, for they are, as the Beatles used to sing, “men of nowhere” who come of nowhere and don’t know where they go."


Paper read at the seminar held in Graz, Austria, by COV&R (Colloquium on Violence and Religion) in June 1997.

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Latines

  • Former U.S. Secretary of State Dan Quayle said once that, had he known beforehand how often he was going to travel to Latin America, he would have taken Latin in school.
  • Decía Dan Quayle, Secretario de Estado de EE.UU., que de haber sabido que iba a tener que viajar tanto a América "Latina", se habría aplicado a estudiar Latín.

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Saturday, April 05, 2008

Los poetas oficiales de los años 50

José Ignacio Gracia Noriega escribe en La Nueva España, de Oviedo:
De unos poetas que vivían y bebían juntos

Meritorio esfuerzo de Lola Fernández Lucio de organizar un seminario en Oviedo sobre los poetas de la que da en llamarse Generación del 50. Vamos a decir algo de esos poetas. Para que haya una generación es necesario que alguien la defina, como Azorín definió la del 98 (para irritación de Baroja, que la negaba), y la antología de Gerardo Diego la del 27 (o, como prefiere Cernuda, del 25). Para hablar de la generación de mediados del siglo XX es, por lo tanto, preciso tener en cuenta la antología «El grupo poético de los años 50», de Juan García Hortelano, que incluye a los poetas Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, Alfonso Costafreda, José María Valverde, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Francisco Brines y Claudio Rodríguez. Permanece al margen de ella José Hierro, que además de ser algo mayor en edad, mantuvo siempre una voz muy personal, ajena a grupos. Y tampoco se incluye a Aquilino Duque, de la misma edad de Brines y dos años mayor que Rodríguez, y que presenta algunos aspectos semejantes a los de los poetas del cincuenta, además de haber empezado a publicar también por esas fechas: principalmente, el cosmopolitismo, que en su caso es verdadera manía de trotamundos. Sin embargo, la evolución ideológica de Duque fue divergente a la de estos poetas: en lugar de arrimarse al poder, se mostró crítico con el sistema democrático, lo que fue el motivo de su aislamiento, y también a diferencia de la actitud antiespañola de muchos de los poetas del 50, en Duque, sobre todo últimamente, se manifiesta auténtico frenesí nacionalista español. El hecho de que sea andaluz no sé si será significativo entre poetas de predominio levantino, bien catalán (Barral, Costafreda, Goytisolo, Gil de Biedma) o valenciano (Brines). Sobre estos poetas, que por lo general cultivan un intimismo desolado, pesa como una losa la pesadumbre por la derrota de la guerra civil de 1936-39: les habría gustado que la ganaran quienes le perdieron, para poder suicidarse a gusto, como Maiakovski, Essenin o Ajmatova, o perecer en un campo de concentración siberiano, como Mandelstam. Con esto se destaca su perceptible masoquismo. Algunos, como Costafreda y Goytisolo, también se suicidaron, pero no bajo la bota de Franco, sino en Ginebra o durante la democracia. En realidad, pueden ser considerados como nihilistas, esto es, burgueses descontentos consigo mismo y con su clase (añado «social» ya que alguno «flirteó» con el marxismo): lo que Zapatero llama con extraña intuición «krausistas». Estos poetas vivían juntos en el sentido de que hacían parecido tipo de vida, burgueses «progres» más «progres» que ilustrados y laicos, afrancesados y con inevitable tendencia al dandismo más o menos de andar por casa, ricos por su casa algunos de ellos, otros con profesiones bien pagadas (funcionarios internacionales, profesores en universidades extranjeras, etcétera) y algunos empresarios; y bebían juntos, supongo que porque el franquismo les daba mucha rabia y lo combatían con el trago. Por lo menos tres de ellos contaban que habían tenido escondido en su casa a Julián Grimau, lo que no deja de resultar sorprendente: quiero decir, sorprendente que no hubieran tenido escondida también a la Pasionaria, o que no le hubieran enviado la peluca a Carrillo camuflada en una caja de puros filipinos. Su elitismo displicente y nihilista les impedía, de todos modos, integrarse en organizaciones políticas clandestinas, porque siempre estaban a su izquierda. Caso singular por lo patético (es el sentido recto de que produce cierta tristeza y también en el que se emplea actualmente, más o menos como sinónimo de grotesco), es el de Valverde, que pretendió conciliar su catolicismo de familia y clase con la colaboración con opositores activos al régimen anterior, a los que parecía pedir disculpas constantemente. Algunos llegaron a ser verdaderamente lúcidos, como Gil de Biedma; otros, como el Valente del período final, incurrieron en una pretenciosidad cosmopolita verdaderamente aldeana. En fin, a todos estos poetas, alguien o algo los había ofendido tan gravísimamente, que les impidió reconsiderar la historia (como hicieron los del 98), o cantar el mundo (como algunos del 27), sino que optaron por despreciar el entorno y lamentarse de sí mismos. Su intimismo, incluso en el caso de un poeta existencial como González, es casi abstracto, lo que los anulaba, por fortuna para ellos, para la poesía «social» que en algún momento pretendieron. Este tipo de poesía exige la concreción y el vigor de un Otero o un Celaya, no la melancolía de tango de González o el cristianismo disponible y vergonzante de Valverde («en lo de amar el prójimo entra este gris cansancio»). En realidad, eran estetas con «mala conciencia», cosa que advirtió muy bien su antólogo García Hortelano: «Sencillamente, estos implacables estetas del desierto, con esa sañuda sed de conocimiento y belleza que se sufre en una cultura de secano, experimentan la inexistencia de una estética marxista». Sin andamiaje teórico, dieron en la desazón. Su poesía, en líneas generales, es desolada; algún día, tal vez, en el futuro, se extraiga lo que hay de verdadera poesía entre tanta desolación.

Notas marginales.
1. La Ajmátova no se suicidó. Sobrevivió a Stalin, pero no a la URSS.
2. Hierro pertenecía a la generación de "la quinta del 42" consagrada en la Antología consultada, compuesta de diez menos uno (García Nieto) que eran los que, encabezados por Celaya y Otero, partían el bacalao "social" bajo el "régimen anterior".

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Friday, April 04, 2008

Conversiones

Conversos ilustres
El inolvidable Alec Guinness, Sir Alec Guinness, uno de los muchos personajes que se pasaron de la Iglesia de Inglaterra a la de Roma a mediados del siglo XX, en sus observaciones sobre las reformas introducidas en el sacrificio de la Misa por el Vaticano II, citaba la siguiente frase de Chesterton: “La Iglesia es lo único que salva a un hombre de la degradante servidumbre de ser un hijo de su tiempo”. El poeta y dramaturgo Franz Grillparzer, por su parte, afirmaba en pleno siglo XIX que él venía de otro tiempo y esperaba ir a otro; una de las últimas piruetas dialécticas del sinuoso Bergamín, católico a su manera, fue la de decir que su mundo no era de este Reino, y Alvaro Mutis dijo alguna vez bien alto que él se negaba a hablar de política mientras alguien no le aclarase de una vez por todas las causas de la caída de Constantinopla. Por eso nunca pierdo la ocasión de presumir del rechazo de una novela mía por un cineasta italiano por estar “fuera del tiempo histórico”.
Es difícil que alguien que se tome en serio la vida interior pueda estar conforme al ciento por ciento con la época que le ha tocado vivir. Ahora bien, el que se esté en desacuerdo con su época no significa que no se sea feliz, pues quien tiene una vida interior conoce la felicidad como no la conocen los “hombres huecos” que están satisfechos, o resignados, con su época y su “páramo”, su Waste Land, como acertó a definir el mundo de su tiempo T.S. Eliot, uno que si no llegó a Roma, llegó por lo menos a Canterbury, como C.S. Lewis. Tanto el uno como el otro ocupan un lugar relevante en el cuadro de honor de los apologetas católicos, y su apologética vale tanto o más para los católicos romanos que para los anglocatólicos.
De todo esto y mucho más se ocupa Joseph Pearce en su obra Literary Converts[*]. Joseph Pearce ya había dedicado otro libro a Roy Campbell, poeta que, después de atravesar los círculos infernales de Bloomsbury, entró en el Paraíso de la mano de San Juan de la Cruz. Pearce se remonta a Oscar Wilde, reconciliado definitivamente en sus últimos momentos cuando confesaba que “el catolicismo es la única religión para morir”. Por lo demás, la tentación del ingenio y la paradoja era en él lo bastante fuerte como para no excluir a la religión de sus frívolas ingeniosidades. Tan pronto decía que el rezo del rosario era un remedio infalible contra el insomnio o, con referencia a Huysmans, que “debía de ser delicioso ver a Dios a través de las vidrieras de un monasterio”, como reprochaba a su padre por no haberle permitido hacerse católico, pues “el lado artístico de la Iglesia y la fragancia de sus enseñanzas habrían curado mis degeneraciones” o a un amigo que no se acababa de fiar de sus arrebatos piadosos lo definía como “un querube que con su espada me impide la entrada en el Edén”. Wilde murió cristianamente, como también lo hizo su amigo-enemigo el marqués de Queensberry; otro admirador y amigo suyo, John Gray, del que tomó el apellido para una obra tan significativa como El retrato de Dorian Gray , llegó incluso a ordenarse sacerdote en 1901. Ya en esa época, en el tránsito de la era victoriana a la eduardiana, los grandes conversos del país eran Chesterton y Belloc y, sin embargo, este Gray, cura poeta y novelista, lo que son las cosas, tuvo por así decir por padrinos de conversión a personajes tan poco ortodoxos como Wilde y H. G. Wells.
Chesterton, Belloc, Baring, son los grandes conversos y grandes apóstoles de la época, y a ellos hay que sumar nada menos que el hijo de un arzobispo anglicano como Robert Hugh Benson y de un obispo como Ronald Knox. Nieto por parte de madre de un arcediano era también Christopher Dawson que, insatisfecho de la vaguedad doctrinal y de la falta de autoridad de la Iglesia Anglicana, apartado un tiempo del cristianismo, volvió a él en un viaje a Roma donde lo cautivó el arte de la Contrarreforma, para, al volver a Oxford, interesarse por Newman, la lectura de cuya Apologia pro Vita Sua haría el resto. Dawson consagró su extensa obra a reivindicar las raíces cristianas de Europa y no deja de ser significativo que, en unión de su amigo Edward Ingram Watkin, anglo-católico converso a católico romano el año en que Dawson llegó al Trinity College de Oxford, hiciera una peregrinación a Little Gidding, la comunidad anglicana del XVII a la que T. S. Eliot dedicó uno de sus Cuatro Cuartetos. Dawson vio muy bien que el cimiento y el cemento más sólidos de eso que llaman la civilización occidental están en el cristianismo, del mismo modo que Eliot vio que el olvido de ese hecho reducía a Occidente a un “páramo” habitado por “hombres huecos”, a un mundo que acabaría “no con una explosión, sino con un gemido”. Muchos años más tarde, en 1953, Malcolm Muggeridge, otro converso, comentaría en su diario, a propósito de un debate televisivo con Bertrand Russell, que “el verdadero destructor de la Cristiandad no es Stalin ni Hitler ni siquiera el Deán de Canterbury y otros por el estilo, sino el liberalismo.”
Muggeridge pertenece al lote de los últimos grandes conversos literarios, en compañía entre otros muchos de Evelyn Waugh, de Edith Sitwell, de Roy Campbell, de Graham Greene, el primero de todos en el tiempo y sobre cuyo catolicismo hay mucho que decir, y Pearce no deja de decirlo. Baste con decir aquí en descargo de Mr Greene que él se ocupaba de autoexcomulgarse, cosa que todo católico decente hace cuando el mundo y la carne pueden en él más que la fe y la esperanza. Es para mí una sorpresa gratísima que Edith Sitwell mencione la importancia que tuvo en su conversión la lectura de Santo Tomás de Aquino en la traducción del Padre Gilbey. A Monsignor Gilbey, Albert Newman Gilbey, lo llegué a conocer cuando era capellán católico en Cambridge y estaba al frente de la Fisher House, a la que acudían los catecúmenos, alguno de los cuales vendría a parar a alguna bodega jerezana. Luego, ya jubilado, vivía en Londres, en el Travellers Club, desde donde acudía a una parroquia a decir su misa en latín. También Graham Greene le hacía al P. Leopoldo Durán, su acompañante por España, su Monsignor Quixote, que le dijera misa en latín aunque fuera en el cuarto de un hotel.
La conversión de Greene es acaso la más antigua de esta tanda, pues se remonta nada menos que a 1926, pero tanto él como Waugh, Muggeridge, la Sitwell y tantos otros reaccionan ante el Vaticano II con mixed feelings, con perplejidad. Una de las cosas que habían seducido a estos conversos era la liturgia romana, de suerte que se llevaron un chasco al comprobar que esa liturgia era barrida por las fumarolas del Concilio Vaticano, en un rasgo de aproximación a la austera liturgia protestante. Para ese viaje no hacían falta alforjas. Waugh llegó a comparar al Concilio con la Caja de Pandora, algo que yo creía que se me había ocurrido solo a mí; Muggeridge quedó horrorizado al ver que las guitarras sustituían a órganos y armonios; Greene se confesaba incapaz de seguir la Misa en idiomas que desconocía. Alec Guinness, converso desde mediados de los 50, no tardaría en rebajar el entusiasmo con que acogió el Concilio. Guinness escribía en sus memorias, tituladas Blessings in Disguise (Bendiciones o bienaventuranzas encubiertas):

“Ya sé que lo esencial permanece asentado con firmeza y la Misa postconciliar me parece más sencilla y en general mejor que la tridentina, pero la trivialidad y la vulgaridad de las traducciones que han desterrado al sonoro latín y al poquito de griego son de una calidad de supermercado totalmente inaceptable. Los apretones de manos y las muecas o sonrisas forzadas han sustituido a las reverencias de antes; ya no se lleva hincarse de rodillas, lo que se lleva es ponerse en cola, y el tono general es más bien el de un programa infantil de la BBC… La Iglesia ha demostrado que no está moribunda. “Todo será para bien”, me digo, “y todo irá bien”, siempre y cuando el Dios que adoremos sea el Dios de todos los tiempos, pasados y venideros, y no el Idolo de la Modernidad que tanto veneran algunos de nuestros obispos, de nuestros curas y de nuestras monjas faldicortas”.

Una de las novedades, y no de las peores, del progresismo anglicano que provocó confusión y desbandada fue el sacerdocio femenino; por aquel entonces coincidí en Suiza con un grupo de ingleses y uno de ellos, jubilado ya, explicaba que empleaba su tiempo colaborando con tres obispos de su county. Me creí en el caso de preguntarle: He-bishops or she-bishops?
En cuanto al mundo católico, tuve amistad con una argentina que pertenecía a los Cursillos de Cristiandad, y me acuso de haberle dicho un lunes en la oficina:
- El domingo asistí en Marsella a una misa de tres capas.
- ¿Y eso qué es? – dijo ya en guardia.
- Y en latín.
- ¡Qué horror!
- ¡Y de culo! - remaché.
Una de las bodas de las que tengo mejor recuerdo fue una celebrada en el barrio londinense de Wapping en 1988. Los contrayentes, católicos ambos, habían hecho amistad con unos curas anglicanos y decidieron que fueran ellos los que los casaran. Desde antes del Concilio no vivía con aquella alegría una ceremonia religiosa. Debo decir que los oficiantes, de la misa, no del sacramento, que eran como es natural los contrayentes, no tardarían en dar el paso y someterse al “obispo de Roma” Juan Pablo II (como le llamaban aún en las preces de rigor) cuando Lambeth House empezó a oler a “humo de Satanás”, como hubiera dicho Pablo VI.



[*] LITERARY CONVERTS. Joseph Pearce. HarperCollinsPublishers. G.B. 1999. (Hay versión española)

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Thursday, April 03, 2008

Vivir peligrosamente

Tuesday, April 01, 2008

Historia contemporánea

  • El Concilio Vaticano II fue la Caja de Pandora y la Constitución del 78 el Lecho de Procusto.
  • Lo que Franco dejó "atado y bien atado", Juan Carlos lo va a dejar liado y bien liado.

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