Wednesday, February 25, 2009

Tuesday, February 24, 2009

Filmación

Véase youtube

Monday, February 23, 2009

Friday, February 20, 2009

Solsticio de Invierno

Sonnenwendefeier
Tatiana Vassiltchikoff, princesa de Metternich por su matrimonio con Paul Metternich, descendiente del canciller austríaco y nieto por parte de madre del marqués de Santa Cruz, cuenta en sus Memorias cómo, hacia el final de la guerra, hubo de pasar la Navidad en Bamberg, donde su marido estaba destinado como oficial de Caballería. El coronel del Regimiento era otro aristócrata, el barón Erne von Cramm, que se había ganado la Cruz de Hierro en el frente ruso. Los nazis habían intentado sustituir las festividades religiosas por festividades paganas y la Navidad fue sustituida por lo que ellos llamaban Sonnenwendefeier, o sea, Fiesta del Solsticio. El barón von Cramm fue, como oficial de mayor graduación, el encargado de hacer el discurso de la festividad a la que, en primera fila, asistían todos los jerarcas del Partido de la zona. El barón von Cramm, que ya había acreditado en Rusia su valor, no tuvo empacho en acreditarlo una vez más al manifestar, a la vez que ironizaba sobre el “heroísmo” de los condecorados burócratas presentes, que ni él ni ninguno de sus soldados había oído jamás hablar de esa festividad tan grandiosa que ahora los reunía, pues cuando estaban en el frente lo que habían celebrado era la fiesta cristiana de la Navidad, símbolo de paz y esperanza para todo cristiano e inspiración y solaz para el soldado.
No deja de ser curioso que el Gobierno que padecemos, cuya política social tan alarmantes afinidades tiene con la del nacionalsocialismo, intentara denominar con falsa asepsia laica las pasadas Fiestas de Navidad como Fiesta del Solsticio de Invierno.

Las verdades del porquero


"La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero" (Juan de Mairena)

El hastío de Dios

Alfonso Ussía

A Dios, escrito sea con devoción y respeto, se le ha ido de la mano la Iglesia vasca. No la entiende. Y se ha aburrido. Hasta los altos ámbitos del Misterio ha llegado el hastío. Una mota en el universo, un lunar en el planeta tierra, se han empeñado en aburrir a Dios, y me temo que lo han conseguido. Con colaboración, claro. Aquí le echamos la culpa a Dios, que es lo más fácil, y nos olvidamos de los hombres, sus instrumentos. La confusión es comprensible. Entre el bien y el mal no hay diferencia, sino niebla, y se pasa de un lado al otro con pasmosa facilidad. Que había asesinado la ETA a Gregorio Ordóñez, legítimo representante de los donostiarras en el Ayuntamiento de San Sebastián, y muchos sacerdotes se negaron a oficiar una Misa por su alma. Que le preguntaron al entonces obispo de San Sebastián si presidiría un oficio religioso por un guardia civil asesinado y respondió que no, porque ello escandalizaría a una buena parte de sus feligreses. Que recibió en su despacho, mientras escribía, sin levantar la mirada, a María San Gil y María José Usandizaga, concejalas del Partido Popular en San Sebastián. No iban de políticas, sino de cristianas, a pedir al pastor de Guipúzcoa el consuelo y el amparo que éste les negaba. Y el pastor de Guipúzcoa, en un momento dado, dejó la pluma, alzó la cabeza y preguntó a las dos mujeres: «¿Dónde está escrito que hay que querer a todos los hijos por igual?». Que en algunas sacristías de parroquias e iglesias de las provincias vascas, a escasos metros del Santísimo expuesto, se escondían pistolas, metralletas, municiones y pasamontañas. Que los sacerdotes vascos comprometidos con la vida, la paz, la concordia y los derechos humanos, o lo que es igual, comprometidos con Dios, han sido perseguidos hasta su casi desaparición en sus raíces. Que el anterior obispo de San Sebastián afirmó que no era necesario que la ETA dejara de matar para negociar un futuro político con la banda terrorista. Se entiende el hastío de Dios. Que en los recintos públicos y privados de los obispados vascos se han recibido con mucha más efusión, comprensión y caridad a los familiares de los asesinos que a las víctimas del terrorismo. Que para algunos prelados vascos los Diez Mandamientos de la Ley de Dios se han reducido a nueve, porque el Quinto, «No Matarás», se ha borrado de la tabla. Que los lugares sagrados han servido para alojar y mantener a terroristas perseguidos por las Fuerzas del Orden Público. No puede extrañarnos la sensación de fracaso de Dios. Y ahora, cuando los vascos se disponen a votar a sus representantes autonómicos y el Estado de Derecho ha prohibido a las organizaciones terroristas que tengan acceso a los ámbitos democráticos, el señor obispo de San Sebastián, pastor de los guipuzcoanos, monseñor Uriarte Goricelaya, tío de la sempiterna abogada de los asesinos, nos sorprende con unas palabras de muy complicada misericordia. «Supone un mal para la comunidad política la detención de políticos de la izquierda abertzale y la ilegalización de s u listas electorales». Posteriormente, justifica su alineación con los emisarios del odio y la sangre admitiendo que el proceder de alguno de esos dirigentes puede proceder repugnante. Pero lo repugnante es el proceder del Obispado de San Sebastián, el de antaño y el de hogaño, tan indigno de la Cruz, tan cansado para todos, tan incomprensible para el mismo Dios, que nada puede hacer mientras los suyos no lo remedien.

Thursday, February 19, 2009

Sentido teológico del holocausto

Alberto Buela (*)

En filosofía el abordaje de un tema o asunto tiene que realizarse desde una primera aproximación filológica, esta es la enseñanza que nos han dejado filósofos contemporáneos como Zubiri, Heidegger o Wagner de Reyna. Pues esta primera y elemental razón hace que podamos barruntar a priori el sentido último del tema. Es ésta, una de las paradojas de la actividad filosófica que así como la natación donde se aprende a nadar nadando, de la misma manera se aprende a filosofar filosofando. Y la zambullida filosófica nos la facilita el sentido último o primero, según se interprete, de los términos del tema a estudiar que, en general, nos revelan el aspecto prístino del asunto.

En este caso podemos afirmar que la palabra holocausto proviene del griego holós, que significa todo o completamente y del término kausis, que significa acción de quemar, de modo tal que el sentido etimológico primario de holocausto es la acción por la cual se quema todo aquello que se somete. Así para los griegos un holocausto era un gran incendio que arrasaba con todo un bosque. Los antiguos israelitas cambiaron el sentido y lo limitaron a “un sacrificio en que se quemaba toda la víctima”.
La caracterización de holocausto como sacrificio está vinculada a la historia bíblica de Abraham e Isaac cuando en el libro del Génesis se cuenta: “Y Dios puso a Abraham a prueba y le dijo: toma a tu hijo, tu hijo único, al que amas, Isaac; ve con él al país de Morija, y allí ofrécelo en holocausto sobre una de las piedras que te diré” [1]
Y la historia sigue que Abraham se levantó temprano ensilló su burro y llevó a Isaac mientras “cortaba leña para el holocausto” al tercer día de marcha dejó su burro y a sus dos ayudantes y marchó al lugar del sacrificio “tomó también la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac” [2] cuando iba a degollar a éste un ángel de Dios lo detuvo y de repente vio un carnero enredado en un zarzal y “lo ofreció en holocausto en vez de su hijo” [3].
Vemos como el término holocausto se repite en un breve relato al menos cuatro o cinco veces lo cual hace indudable su sentido de sacrificio con acción del fuego.

Esto explica el por qué de que las organizaciones judías (B´nai Brit, Consejo judío mundial, Gran Sanedrín, Rabinato de Israel, etc.) exijan la exclusividad del término holocausto para designar solo el genocidio nazi contra los judíos y critican la aplicación de la misma palabra para otros grupos de víctimas como los gitanos, los católicos, los prisioneros de guerra, los opositores políticos, o por extensión los genocidios de Armenia, Ruanda, Biafra, Camboya o Darfur.
Es que en un primer sentido teológico, el holocausto se entiende como la culminación de una larga historia de persecución y antisemitismo que sufrieron los judíos desde el martirio y muerte de Jesús, el Mesías por ellos no reconocido. El holocausto vendría así a acallar el horrible retumbo de dos mil años del: “crucifícale, crucifícale” [4], el grito de los sacerdotes judíos con que pidieron a Pilatos la muerte de Cristo. Y este odio a Cristo se proyectó luego al cristianismo que es, en la interpretación judía clásica, la principal fuerza motora, el principal responsable del antisemitismo que condujo al holocausto. Es por ello que nunca serán, a sus ojos, suficientes los perdones a granel solicitados por los sucesivos papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, siempre exigirán más, nunca estarán conformes, jamás satisfechos.

Debemos en estos días, a propósito de las inoportunas declaraciones de monseñor Williamson, al excelente y objetivo historiador valenciano Vicente Blanquer el develamiento del segundo sentido teológico del concepto de holocausto.[5]
“Las críticas contra monseñor Williamson olvidan que son los judíos los que irrumpen en el plano teológico al hablar de Holocausto (con mayúscula) y no lo hacen en forma inocente sino mesiánica, para dar a la segunda Guerra Mundial, el papel de momento concluyente de las profecías del canto del Siervo Sufriente de Yaveh -Is. 53- y sostener que los judíos y no Jesucristo son el Cordero de Dios del que habla Isaías”.

Y es el capítulo 53 de Isaías uno de los más viscerales dentro de la polémica teológica entre judíos y cristianos (en la medida en que aún hoy quede algún teólogo católico strictu sensu), cosa que desconocemos. Allí en el canto IV se afirma: “Despreciado, rehecho de los hombres, varón de los dolores, maltratado y humillado como cordera que va al matadero por lo que no le hicimos ningún caso. Pero él mismo tomó sobre sí nuestras dolencias aunque nosotros lo reputamos como un leproso”. Los teólogos cristianos ven en este capítulo una referencia directa a Jesús el Cristo, esto es, el Mesías esperado por el pueblo de Israel desde el fondo de la historia, y una premonición de su sacrificio y crucifixión, mientras que los teólogos judíos sostienen que estos sufrimientos pueden ser entendidos perfectamente como una referencia al Holocausto.
Así el rabino Isajar Moshé Teijtel en su libro Alegre madre de hijos sostuvo que fue la reticencia de los judíos en aceptar al sionismo la que condujo a Auschwitz. Dios estaba dándole a Israel la gran oportunidad de recuperar su tierra ancestral para construir allí el hogar de los judíos perseguidos pero estos continuaron con su pecaminosa pasividad y les sobrevino por ello el castigo.
Vemos así claramente como la teología judía del holocausto termina por justificar la existencia del sionismo y consecuentemente del Estado de Israel.
No obstante esto, existe, aunque minoritariamente, una corriente teológica judía contraria a esta teología del holocausto como la del rabino Ioel Teitelboim (1888-1979), jefe de la secta jasídica de Satmer, quien afirma en su libro Vaioel Moshe que el gran pecado de los judíos habría sido "la idolatría" del sionismo. Su fundamento es que el pueblo judío debería mantenerse privado de todo poder físico y entregarse a la guía de Dios, aun cuando esto le signifique persecuciones y matanzas. No deberíamos resistir la judeofobia puesto que el exilio es un castigo divino al pueblo de Israel, que podrá resolverse sólo cuando llegue el Mesías y lo disponga. Así lo explica uno de sus voceros más bulliciosos: "La verdadera actitud judía es la de la sumisión al decreto divino que concierne a nuestro exilio entre las naciones del mundo. Nos ha enviado al exilio a causa de nuestras injusticias unos contra otros y de nuestra infidelidad hacia El. La injusticia de las naciones en contra de nosotros, es nuestro castigo". Esta misma actitud se aprecia en el reciente y valiente libro de Fabian Spollansky La mafia judía en la Argentina(2008) donde su autor les reclama a sionistas confesos como Eduardo Elsztain, el mayor terrateniente de Argentina, a su socio Marcelo Mindlin y al rabino Tzvi Grümblatt a quienes cuestiona diciendo: "¿Rebe, es de judíos hacerse millonarios en tan poco tiempo y hacerse dueños de la Argentina? Y ¿Rebe, es de judíos poner plata en todas las patas de las campañas políticas para estar bien con todos? .Desde nuestra ética varias veces milenaria no vamos a silenciar este abuso que nos hiere y nos humilla”. [6]
Esta intención de querer igualar con el sacrificio de Jesucristo los sufrimientos del pueblo de Israel a manos de los nazis y entenderla como un Holocausto y no como un genocidio es específicamente anticristiana. Con razón afirma el citado Blanquer: “Y con la teología del Holocausto el pueblo judío se está forjando un nuevo becerro de oro. Se ha cansado de esperar y se ha escogido a sí mismo como ídolo. Lo cual pone de manifiesto que, lejos de ser custodios de la promesa, la han perdido, no porque alguien se las haya arrebatado, sino porque el pueblo judío ha renunciado consciente y voluntariamente a ella. Cayendo en el mismo pecado que el demonio en su pretensión de hacerse adorar. Y ese es el fondo de la cuestión”.
Es por ello que los grandes teólogos católicos en la época que los hubo, Juan Maldonado; Sören Kierkegaard, Luís Billot, en nuestro país Julio Meinvielle, no han dejado de remarcar siempre que el mesianismo hebreo es un mesianismo carnal. Y que como tal siempre ha exigido de Dios muestras palpables y evidentes. Y la infinita distancia que han puesto entre ellos y su dios Jehová “con temor y temblor se acercó Abraham al Señor”, ha hecho que vivan “al otro”, al cristiano como amenaza. Sin darse cuenta que: “Ellos son los signos vivientes, quiéranlo o no, que nos recuerdan la Pasión del Salvador” según enseña San Bernardo de Claraval.

Por todo ello y muchas y profundas razones más, este es solo un artículo breve de divulgación, es que debe hablarse de genocidio nazi sobre los judíos y no de holocausto. Incluso parece ser que ha ganado popularidad la palabra hebrea Shoáh que significa catástrofe y el Estado de Israel ha declarado el 12 de abril como su día, a pesar que su presidente Simón Péres en su última visita a Turquía sostuvo sin avergonzarse que el único genocidio es el del pueblo judío, dejando para los otros incluso mayores en número, como el caso de los ucranianos, el carácter de asesinatos masivos.

Además, y esto no es de menor valor teológico, la matanza de judíos por los nazis debe de entenderse como genocidio y no como Holocausto, para dejarles a ellos abierta la capacidad de conversión, pues la idea de Holocausto clausura esta posibilidad.
Ese esfuerzo extraordinario y maravilloso de los judíos conversos. Que en general son hombres muy bien dotados. De hecho la conversión es un don, pues el converso la pide al Señor. Si nos detenemos mínimamente en los conversos que han hecho filosofía en el siglo XX (Husserl, Edith Stein, Simone Weil, Bergson, cito al pasar) vemos que son hombres de una enjundia fuera de lo común y que ha sido su profunda y raigal metanoia aquella que les brindó, en definitiva, la posibilidad a su mejor realización filosófica. Es la conversión aquella que les permitió agotar su plenitud de ser, pues ellos rompieron la distancia infinita que los separaba del dios de "temor y temblor de Abraham" que es lo Absolutamente Otro, para entenderlo como "formando parte", participando del Dios misericordioso, el Dios vivo de la gracia, que comprende acabadamente la naturaleza humana. Admiramos y respetamos sobremanera esa capacidad de conversión, de metanoia, que han tenido estos grandes hombres en el orden filosófico. Metanoia que los llevó luego a sus más grandes realizaciones. Así como deploramos esa actitud vergonzante de sedicentes teólogos católicos que abandonado el hablar de verdad con ellos abandonan “el bien de los judíos”, por el bienestar y la plaisanterie junto a ellos. Así recogen y llevan todas sus tesis (la de los judíos) en un amasijo de teología cristiana inaudito e incomprensible. En este sentido la última actitud de la jerarquía de la Iglesia con relación a este tema es de una liviandad (termino muy suave) teológica que impresiona, para mal, tanto a judíos como a cristianos.
Es lamentable que no haya un solo teólogo de nota o significativo que no levante estas dos importantísimas distinciones teológicas, que acabamos de hacer en este artículo, y que por el contrario la inmensa mayoría se sume, se someta y adopte las tesis judías sobre el sentido del holocausto como tesis católicas y lo peor es que las hayan salido a defender como verdades de fe. Un despropósito teológico absoluto.


(*) alberto.buela@gmail.com


[1] Génesis, 22, 2
[2] Génesis, 22, 6
[3] Génesis, 22, 13
[4] Evangelio de San Juan, 19, 6
[5] Blanquer, Vicente: A propósito de las polémicas declaraciones de monseñor Williamson, Bitácora Digital, agencia de Internet febrero 2009
[6] Spollansky, Fabián: La mafia judía en la Argentina, Buenos Aires, Ed. anibalgoransky.com, 2008

Wednesday, February 18, 2009

Reseña del acto

Véase Diario de Sevilla

Nuevos ricos

Véase Análisis Digital

Las "Crónicas extravagantes" en el palacio de la condesa de Lebrija

Con una nota triste, la muerte en accidente de montaña del decano de la Facultad de Teología de San Dámaso, que impidió al editor, José Miguel Oriol, desplazarse a Sevilla, se presentó el libro Crónicas extravagantes en el palacio sevillano de la condesa de Lebrija. Fue el presentador Ignacio Romero de Solís y el autor del libro, que abrió el acto con unas palabras de excusa por la ausencia del editor y de recuerdo y homenaje al joven sacerdote fallecido, lo cerró con las siguientes palabras:

En uno de los autillos de fe que se me infligieron cuando salió la primera edición de Crónicas extravagantes, un locutor de radio me apostrofaba indignado: “¡Es que ahí dice usted que el franquismo “llevó a España a la victoria militar, a la paz, al desarrollo y a la prosperidad y el cadáver de su jefe no fue ultrajado en la plaza pública, sino enterrado con los máximos honores!” “¿Y qué, no es verdad?”, dije yo. Y él, muy poco en su papel de “moderador”: “¡Sí, pero es que eso no se puede decir!” A otras personas bien intencionadas que trataban de exculparme diciendo que no se me había entendido lo que yo había querido decir, yo me apresuraba a aclararles que no, que se me había entendido perfectamente. Algo parecido me había pasado años atrás con el prólogo que le puse a mi traducción de Os Lusiadas de Camoens, que levantó ampollas en Portugal entre los que entendieron rectamente lo que yo había tratado de decir.
Precisamente la persona que, por así decir, levantó la liebre en un diario de provincias, hizo tan bien su trabajo, captó con tanta precisión el contenido del libro, destacando lo más llamativo y, según él, escandaloso, que su crónica, en principio una denuncia en toda regla, mereció el honor de que Gonzalo Fernández de la Mora la reprodujera tal cual en su revista Razón Española como reseña del libro.
Yo creo que la mejor manera de hacer frente al terrorismo cultural es volviéndole del revés los argumentos al adversario. La polémica es una esgrima dialéctica y el que sale perdiendo es el que de entrada se pone a la defensiva. A mí el adversario me impone respeto cuando sostiene sus posiciones con gallardía, un respeto que estoy muy lejos de sentir por los afines que tratan de salir del paso disimulando las suyas. Este poco respeto se debe a la actitud vergonzante con la que estos presuntos afines míos se oponen a la ofensiva ideológica de sus contrarios. Mientras éstos asumen su historia en su totalidad y se identifican con ella, los otros, es decir, lo que llamo la derecha vergonzante, no es que renieguen de la suya, sino que sus más valiosos portavoces dan la impresión de estar orgullosos de tener el mismo pasado que sus enemigos de hoy. Cuando un fanático cambia de campo no por ello deja de ser fanático. Si eso pasa con los fanáticos, qué no pasará con los invertebrados.
El terrorismo cultural e ideológico que padecemos se puso en marcha en los años 30 bajo la enseña del antifascismo. Como quiera que el fascismo no se reducía a las potencias del Eje, sino que se extendía a todo cuanto no simpatizara con la Revolución soviética, al sobrevenir la Guerra Fría, ese terrorismo cultural se vio obligado a retranquearse tras ese baluarte del “antifascismo” que fue el Telón de Acero. De hecho, el Muro de Berlín, como muy bien deben de saber los aficionados a la filatelia, se llamó oficialmente “Muro Antifascista”. Ese terrorismo se recrudeció y puso al día al socaire de la metástasis marxista-leninista del Tercer Mundo en las revueltas del 68, metástasis por cierto que no dejó de infiltrar los grandes núcleos del poder “fascista” de Occidente, a saber, la religión, la enseñanza, las fuerzas armadas, la banca, el gran capital, los medios de difusión, el mundo del espectáculo, todos los resortes en fin de la sociedad según el plan ideado por Antonio Gramsci. Una vez todos esos resortes, o la mayor parte de ellos, en manos de los hijos del 68, había que seguir manteniendo viva la tensión política conjurando los fantasmas del pasado con una historiografía retrospectiva cuya última expresión en nuestra patria sería la llamada “ley de la memoria histórica”.
Esa ley sería la culminación de un proceso de demonización del “régimen anterior” iniciado por los que exigían la “ruptura” y al que se sumarían progresivamente los que sólo pedían la “reforma”. En las primeras Cortes democráticas, uno de los más virulentos partidarios de la “ruptura” se encaró con uno de los más circunspectos abogados de la “reforma” llamándole “fascista”, y éste, que había hecho carrera en el régimen anterior con la versión española de ese italianismo, se puso a la defensiva alegando que había sido más o menos un “demócrata reprimido”. De todo hubo en aquellas Cortes, y como no me duelen prendas, lo más sensato a mi juicio se lo tuve que oír al camarada Carrillo cuando dijo que no se trataba de darle la vuelta a la tortilla, sino de que hubiera tortilla para todos.
El caso es que fueron los “demócratas reprimidos” los que se llevaron el gato al agua, pero al mismo tiempo que los rupturistas se domesticaban, ellos hacían suyas muchas iniciativas de los otros para no verse arrojados a las tinieblas exteriores de la “extrema derecha”, único extremismo inadmisible en un sistema en el que por definición “cabía todo” por extremista y aberrante que fuese, republicanismo y separatismo inclusive.
La finalidad última de esta operación no era otra que la de hacer lo que no lograron los vencedores de la II Guerra Mundial, a saber, incluir la España de Franco entre los vencidos y hacerle pagar las consecuencias, que en el mejor de los casos habrían sido unos bochornosos ajustes de cuentas como en Italia y en Francia y en el peor, medio siglo de comunismo totalitario, como en la Europa del este. La Guerra Fría nos salvó, pero con Guerra Fría y todo, la historiografía del marxismo y compañeros de viaje siguió autoerigiéndose en “Tribunal de la Historia” hasta que la Historia de verdad, harta de verse suplantada, echó abajo el Muro de Berlín y el marxismo-leninismo al cubo de la basura.
En un mundo en el que nada era sagrado, pasó a serlo en cambio lo que menos se lo merecía, que era todo el repertorio de lugares comunes y de pedanterías ideológicas con que los demócratas de todos los pelajes veneraban las gloriosas tradiciones revolucionarias de la Edad Contemporánea.
Debo decir que yo también pasé mi escarlatina, pero puede decirse que fue un caso leve y para mediados de los 60 ya estaba en vías de franca curación. Mi acercamiento a la lengua y a la literatura rusas fue decisivo, como puede verse por los poemas de mi viaje a la Unión Soviética en 1964 y mi versión del Réquiem de Ana Ajmátova en 1967, de suerte que cuando estalló el mayo del 68, ya estaba yo resueltamente en contra. Lo escrito desde entonces responde a una línea que he procurado que fuera lo menos sinuosa posible, aun sabiendo el precio que había que pagar. En 1971, con motivo de la salida en Barcelona de La rueda de fuego, me hizo en La Vanguardia Española el periodista Del Arco una de sus célebres entrevistas con caricatura y la última pregunta fue: ¿En qué color está usted? Yo me acordé de algo al respecto que Jiménez Fraud, el que fuera director de la Residencia de Estudiantes, dijo sobre la camisa de su suegro, don Manuel Bartolomé Cossío, y dije: En el blanco, que está hecho de todos los colores. Y Del Arco, que se reservaba siempre la última palabra, replicó: Veo su porvenir negro
De recordarme ese pronóstico se encargarían los que montaron un escándalo a escala nacional cuando estas Crónicas extravagantes aparecieron con el sello editorial de la Universidad de Sevilla. Alguna vez que otra, de palabra y por escrito, he evocado aquel suceso, pero siempre he procurado evitar dar nombres. Hace años, en 1983, tuve que presentar a Miguel Delibes en Sevilla y aproveché la ocasión para decir lo que pensaba de la Internacional Socialista y del Estado de las Autonomías. El escándalo fue monumental. Veinte años más tarde, al concluir yo una intervención en un homenaje a la revista ultraísta Grecia, se me acercó un señor del público para decirme que él era uno de los energúmenos aquellos que me abuchearon entonces y que venía a pedirme perdón y a
decirme que tenía toda la razón en cuanto dije.
Yo sé que muchos de los que entonces se metieron conmigo hoy deben de estar lamentándolo en el fondo de sus conciencias. Además, yo, como decía de sí mismo el bohemio Alejandro Sawa, “a medida que avanzo por la vía mortal, siento que todos mis rencores se funden en una gran misericordia”; en cambio tengo una memoria de elefante para los favores, y no olvido a los que dieron entonces la cara por mí. Si los nombro no acabaríamos nunca y por eso me limitaré a citar sólo dos nombres: el de Fernando Ortiz, que fue el estratega de la contraofensiva, por así decir, y el de Ignacio Romero de Solís, en representación de los francotiradores y a quien nada más que por eso he querido que me acompañe en esta segunda salida sevillana de Crónicas extravagantes.

Humor judío

Qu'est-ce qui se passe quand une mouche tombe dans une tasse de café?
L'Italien : - Jette la tasse et s'en va en rage.
Le Français : - Jette la mouche et boit le café
Le Chinois : - Mange la mouche et jette le café.
Le Russe : - Boit le café avec la mouche; c'est un extra sans frais supplémentaires...
L'Israélien : - Vend le café au français, la mouche à la Chine et achète pour lui-même une nouvelle tasse de café. Avec le bénéfice des ventes, il met au point un dispositif qui empêche les mouches de tomber dans le café.
Le Palestinien : - Accuse Israël d'avoir mis une mouche dans son café, dénonce l'agression à l'ONU, fait une demande de prêt aux Nations-Unies pour financer l'achat d'une nouvelle tasse de café, utilise l'argent pour acheter des explosifs... ... Et puis : - Il fait sauter la cafétéria où l'italien, le français, le chinois et le Russe sont tous en train d'expliquer à l'israélien qu'il doit donner sa tasse de café au palestinien...

Monday, February 16, 2009

  • La corrupción es el lubricante de la política en general y el riego sanguíneo de la democracia en particular.
  • Si el poder absoluto corrompe absolutamente, el poder democrático corrompe democráticamente.
  • Dice Montesquieu que el Estado perecerá cuando el poder legislativo esté más corrompido que el ejecutivo. ¿Y qué pasa cuando el judicial lo está aun más?

Friday, February 13, 2009

Aguafiestas

Los aguafiestas del 98

El año de 1998 fue año de conmemoraciones: dos muertes, la de Felipe II y la de Benito Arias Montano, dos derrotas, la de Santiago de Cuba y la de Cavite, y dos generaciones, la del 98 y la del 27. En realidad, la conmemoración de esta última no tiene más justificación que el centenario de tres de sus componentes, a saber, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Federico García Lorca, nacidos en ese mismo año, ni más motivación que la exaltación de este último, no por haber nacido cuando nació, sino por haber muerto como murió. De modo más adecuado se conmemoró esa muerte en 1986, a los cincuenta años de haberse producido, y en esa ocasión dije al respecto algo en lo que me reafirmo, a saber, que su sacrificio fue el de uno de los muchos inocentes inmolados en una guerra de la que ahora se hablaría muy bien si la hubieran ganado los que la perdieron.
De Arias Montano se ha hablado algo y bien, y mucho más, como es lógico, del señor a quien sirvió en esta tierra, de Felipe II, cuya reivindicación en estos tiempos de leyenda lila, como diría don Marcelino, hemos de agradecer a súbditos de los países que se inventaron la leyenda negra. También se ha hablado de la llamada generación del 98, no por discutida menos insoslayable. Esa generación, los hombres de esa generación, siempre han resultado incómodos a todos los regímenes políticos, sin perjuicio de que algunos de ellos se hayan aprovechado de muchas de sus ideas. Los españoles que tenemos cierta edad y buena memoria, sabemos muy bien de reticencias y hostilidades a su respecto durante el régimen anterior, reticencias y hostilidades que tampoco han faltado en el régimen actual. Resumiendo mucho, cabría decir que los turiferarios del régimen anterior los rechazaban por un presunto antipatriotismo y los del actual por un patente archipatriotismo. Para el gusto actual, los hombres del 98 hablan demasiado de España; no se les cae de la boca ni de la pluma el nombre de España, y eso no está bien visto en una época en que sobre la inconsutilidad de la patria echan suertes los sayones que tratan de descuartizarla. Si los hombres del 98 tienen actualidad - de ahí el título de mi libro - es por las amenazas que se ciernen sobre la España actual, mucho más graves a mi juicio que las que aquejaban a la España de hace un siglo, pero propiciadas éstas como aquéllas por los medios de manipulación de masas. Si los de entonces precipitaron a la nación a una guerra suicida, los de ahora la anestesian para que se deje descuartizar sin resistir.
El libro que presento es un libro incompleto, y lo es por unos escrúpulos que me aconsejaron suprimir tres de los trabajos inicialmente incluídos en él. Yo temía que lo que en ellos digo predispusiera desfavorablemente al jurado. La benevolencia con que éste me trataría me convenció de que estaba en un error y de que mis escrúpulos y temores carecían de justificación alguna. En ello me confirmaría una entrevista concedida por su presidente, Pedro Laín Entralgo, al diario ABC el 28 de diciembre de 1997 y un artículo del profesor Seco Serrano en el mismo periódico el 10 de diciembre de 1998. Tampoco a Laín le gusta “la España de las Autonomías”, pues no ha resultado ser la que él se auguraba al proclamarse la actual Constitución. Y Seco Serrano, al recapitular la conmemoración, haría hincapié en algo sobre lo que yo escribí en uno de los capítulos autocensurados, a saber, las reflexiones de Cajal sobre el Desastre, recogidas en el trabajo que el propio Laín incluyó en su libro esencial sobre la Generación del 98. Con referencia a Ramón y Cajal, escribe Laín y cita Seco, que la más notoria consecuencia del Desastre fue: “El desvío e inatención del elemento civil hacia las instituciones militares, a quienes se imputaban faltas y flaquezas de que fueron responsables gobiernos y partidos y, sobre todo, la génesis del separatismo disfrazado de regionalismo”. “Era la “doble herida” de que ha hablado Pedro Laín” - sigue diciendo Seco, que vuelve a citar a don Pedro: “Progresiva separación entre los hombres y creciente disensión entre las regiones”. Tengo en Ginebra un amigo español, catalán de Lérida, hijo de anarquistas y crecido y educado en el exilio, que resume por vía de humor amargo el Estado de las Autonomías con palabras muy parecidas a las de Laín: “Pongamos fronteras entre nosotros para estar más unidos y hablemos lenguas distintas para entendernos mejor.”
Nada de esto puede asombrarnos si se piensa que la segunda Restauración se hizo en lo posible a imagen y semejanza de la primera. Durante la primera, Joaquín Costa, uno de sus críticos más acerbos, sufrió no pocos sarcasmos a costa de su obsesión con la “política hidráulica”. La “política hidráulica” de Costa era motivo de chistes en aquellas insignes tertulias de los mugrientos cafés madrileños y del no menos mugriento Ateneo, y entre los chistosos descolló el benemérito don Manuel Azaña, quien, como se vería con el tiempo, frente a la “política hidráulica”, prefería la “política ígnea”.
Con referencia a la primera Restauración, Galdós habló de los “años bobos”. Esos “años bobos” tenían también los que Ortega llamaría sus “señoritos satisfechos”, y para esos “señoritos satisfechos” de los “años bobos” eran los hombres del 98 unos auténticos aguafiestas. He aquí por qué cien años más tarde, los hombres del 98 siguen siendo aguafiestas y siguen siendo actuales.

(Palabras pronunciadas en el acto de presentación del libro Actualidad del 98 el día de los Santos Inocentes de 1998, aniversario del nacimiento de don Pío Baroja)

Wednesday, February 11, 2009

La Pensadora

Con el cambio de situación política efectuado a la muerte de Franco se descubrió algo realmente portentoso: aquellos que tanto protestaban porque no podían publicar lo que querían a causa de la censura, y de quienes se esperaban importantes obras inéditas, resulta que no habían escrito nada. En cambio, los exiliados, que poseían libertad para publicar cuanto quisieran, volvieron a España con las maletas llenas de inéditos y con el reloj literario parado en la época de Galdós.

José Ignacio Gracia Noriega. La Nueva España. 22 de abril de 2004


Tuesday, February 10, 2009

Saturday, February 07, 2009

Crónicas extravagantes

El próximo martes día 17 de febrero a las siete y media de la tarde, Deo volente, Ediciones Encuentro presentará en el palacio de la Condesa de Lebrija, sito en la calle de la Cuna, de Sevilla, el libro Crónicas extravagantes, cuya primera edición por el Servicio de Publicaciones de la Universidad Hispalense tanto escandalizó a propios y extraños. La presentación correrá a cargo de Ignacio Romero de Solís.

Tuesday, February 03, 2009

Pactos de El Pardo

Véase Análisis Digital