Monday, August 31, 2009

Roy Campbell, poeta taurino









Entre los poetas ingleses contemporáneos siempre tuve una debilidad por Roy Campbell y Dylan Thomas, muy parecida a la que sentí y siento por Lorca y Alberti entre los poetas españoles. Aclaro que por poetas españoles me refiero aquí a los poetas de habla española, como antes he llamado ingleses al galés Thomas y al sudafricano Campbell, como podría habérselo llamado al norteamericano Eliot. Estos tres nombres están entre mis mejores recuerdos de Cambridge, cuando dos de ellos aún vivían y el otro hacía poco que había muerto. Por dos veces asistí al recital que el actor galés Emlyn Williams, que tenía un hijo en la Universidad como también lo tenía Raymond Massey, ofreció en un teatro de la poesía y la prosa de su llorado amigo y paisano. Se titulaba aquel inolvidable recital Dylan Thomas growing up y el actor dijo de modo impecable y emotivo todos los textos de memoria. Mi amistad con otro colegial de Trinity Hall, John Lockwood, que al graduarse se iría para los restos al escritorio de una bodega jerezana, la de Sandeman, hizo lo demás y, con la irresponsabilidad y el entusiasmo de la juventud, acometí la tarea de traducir versos de Thomas. Un par de años más tarde, ya en España, me encargó José Luis Cano que tradujera para Adonais una antología de Campbell, fallecido hacía poco en accidente de automóvil. ¿Qué es lo que me sedujo en estos poetas? Yo entonces no lo sabía, como uno no sabe muchas veces por qué se enamora. Ahora pienso que tal vez fuera, y sin tal vez, la audacia de las imágenes y el rigor de la forma. Si hay que buscar un parentesco a estos poetas yo les atribuiría el de los acmeístas rusos, por más que dudo que los imitaran adrede. Lo que pasa es que determinados modos de expresión estaban en el aire, y el aire no conoce fronteras. De Dylan Thomas no voy a decir nada que no se haya dicho ya; de Roy Campbell en cambio sí que hay que decir que mientras los demás poetas de su tiempo y de su estirpe han sido reeditados y traducidos hasta la saciedad ( Yeats, Eliot, Auden, Spender, McNiece, el propio Pound), hoy no es fácil hallar libros suyos en el mercado. Cualquier mequetrefe que hubiese militado en las Brigadas Internacionales tendría más suerte con una plaqueta insignificante que Campbell, adicto a la causa nacional, tiene con toda su obra. Y es que a Campbell le atraía en España aquello mismo que sus adversarios querían aniquilar: la sangre de los toros y el humo de los altares, y eso le hizo acercarse a San Juan de la Cruz después de presenciar en Toledo el holocausto del convento del Carmen y acercarse a la fiesta nacional con más coherencia que Hemingway, por dar sólo un nombre anglosajón. Muestra de ello son estos dos poemas, en cuya traducción he puesto mi mejor voluntad.

Involucionismo




· Evolução. O que me impressiona, à vista de un macaco, não é que ele tinha sido nosso passado: é il pressentimento de que ele venha a ser nosso futuro. (Mário Quintana)
· Yo no sé si descendemos del mono; lo que sé es que estamos volviendo rápidamente a él. (Richard Wagner)

Friday, August 28, 2009

Sopa, teta y violencia



En la emisora episcopal entrevistan a un bigotudo presentador de televisión afanoso de hacer méritos retroactivos y éste suelta que en noviembre de 1976, “cuando aún vivía Franco”, la cantante Joan Báez dedicó una canción en su programa a La Pasionaria, “ejemplo de mujeres que lucharon por la libertad”; en otra ocasión ya afirmó el mismo sujeto que la célebre aparición de Solyenitsin se produjo también en vida de Franco. Hace unos años, en un lugar de Hispanoamérica, hube de asistir a una comida en la que el anfitrión sostuvo categóricamente que el periodismo español surgió con El País, periódico fundado cuando aún vivía Franco. Yo me atreví a disentir, pero estaba en minoría y los demás estómagos agradecidos le dieron la razón al patrón del rancho. No sé para qué sirven fonotecas y hemerotecas. De la Historia no hablemos. En un acto público, alguien equiparó la situación española de comienzos del XXI con la de 1921, “bajo la Dictadura” sin especificar, siendo así que la Dictadura propiamente dicha no vino hasta dos años después, pero no con Franco, sino con Primo de Rivera. Leo ahora en un sesudo análisis del GEES sobre los primeros años de la ETA que “una democracia, legitimada constitucionalmente, sí hubiera podido acabar con ella. Pero el franquismo no.”
La máxima proeza atribuida a la ETA fue el asesinato de Carrero Blanco, en la que no está claro si no se limitó a ser el brazo armado de una operación de mayor envergadura. Algo de eso dio a entender por escrito una de sus futuras víctimas: el socialista Fernando Múgica. El caso es que el franquismo acabó a los dos años de esta fechoría, pero porque Dios quiso.
En los tres decenios largos de régimen constitucional la ETA ha ido a más, entre otras cosas porque las garantías constitucionales se aplican selectivamente y benefician en especial a las que yo llamo “minorías abyectas”, de las que los separatistas forman parte. Esas minorías se quedan con la parte del león de la democracia y poco a poco van convenciendo a los componentes de la “mayoría silenciosa”, por otro nombre “ciudadanía”, de que los anormales y asociales son ellos. Del mismo modo que se la obliga a convivir con locos peligrosos o con víctimas de enfermedades que antaño se denominaban secretas o vergonzosas y ahora son motivo de orgullo, la “ciudadanía” acata con resignación la convivencia con el terrorismo como una carga más de las que ha de soportar para asegurar la supervivencia de ese “régimen de libertades que se ha dado a sí misma”. Eso cuando no contrae, por la cuenta que le trae sobre todo en las Vascongadas, el tristemente célebre “síndrome de Estocolmo”. Más de una vez he dicho que la democracia no le da pretextos al terrorismo, sino facilidades, y el hecho es que la democracia, a la vez que abomina de la guerra, siente por la guerrilla un respeto imponente. La guerrilla es el nombre que damos al terrorismo cuando nos cae simpático y de esa simpatía disfrutaron a manos llenas durante años “los chicos de la gasolina” no sólo en nuestra patria, sino en las grandes democracias de nuestro tiempo. Puede que el recuerdo de esa simpatía explique la lenidad con que la democracia reprime el terrorismo cuando no tiene más remedio que hacerlo.
Los “medios de confusión”, tanto a diestra como a siniestra, no tienen la menor inhibición ante la mentira y la falsedad, pues saben que la “ciudadanía” desmemoriada o ignorante además de intimidada, les va a dar la razón frente a los escasos vertebrados que se atrevan a sostener lo contrario. La institucionalización de la mentira, como confesó Jacques Derrida en la Residencia de Estudiantes madrileña, es lo que ha llegado a invertir los valores de tal suerte que la mentada “ciudadanía”, en otros tiempos “mayoría silenciosa”, es ahora el chivo expiatorio, por volver sobre las teorías de Girard, de unas “minorías abyectas” cada vez más ruidosas y agresivas. Algunas de estas minorías, y puede que las más inocentes de todas, han sido alguna vez chivo expiatorio de las mayorías que se tenían por normales. Ahora son estas mayorías las que dudan de su propia normalidad y procuran hacérsela perdonar a fuerza de tolerancia o mimetizándose con la turbamulta de sus detractores.
La privatización de la violencia, es decir, la dejación por el Estado de su monopolio, ha multiplicado exponencialmente la violencia en la sociedad civil. En este punto es Girard insoslayable toda vez que es difícil entender los comportamientos colectivos si no se tienen en cuenta la violencia y los sentimientos religiosos. Girard hace por ejemplo una crítica de la teoría demoliberal de la paz en la que en esencia se nos dice que las guerras no se evitan imponiendo la democracia en todos los países del mundo, según Kant proponía en su teoría de la paz perpetua. Y es que la paz perpetua entre las democracias es al fin y al cabo como la paz perpetua entre los príncipes cristianos. Esta, que siempre fue más bien precaria, se rompió con la irrupción de las herejías en el siglo XVI y con los descubrimientos de tierras de nadie por así decir. La otra, la paz entre las democracias, aguanta mientras existan regímenes autoritarios o totalitarios que hagan de chivos expiatorios. Una vez éstos desaparezcan y todos los países del mundo sean democracias parlamentarias, no dejarán de surgir brotes de “mimesis conflictiva” entre algunas de ellas que desemboquen en la guerra, por lo que las causas de ésta no hay que buscarlas en el régimen político, sino en el hecho biológico de la violencia. También se pensó que el socialismo planetario acabaría con las guerras, pero aun cuando el chivo expiatorio del capitalismo gozaba de muy buena salud, no dejaron de producirse resquebrajaduras en la “solidaridad proletaria” del bloque comunista. Al desintegrarse este bloque y dejar de presentar una amenaza, el papel de chivo expiatorio recaería en el Islam, y en esas estamos.
El Islam figura hoy en primer lugar entre los obstáculos a la implantación de una democracia cuyas bestias negras son las religiones monoteístas, y si figura en primer lugar es porque se hace respetar, cosa que no siempre consiguen las otras religiones del Libro. Esto daría pie para largas digresiones y más vale dejarlo, pues lo que ahora interesa es que según los quinientos personajes, reunidos en San Francisco de California en noviembre de 1995 bajo los auspicios de la Fundación Gorbachov, la sociedad occidental ha llegado a ser ingobernable, y la única solución es la que Zbigniew Brzezinski denominó tittytainment, una versión “postmoderna” y hedonista del Panem et circenses, expresión que se ha tratado de traducir por “entetanamiento” y para la que yo propongo la versión más castiza de “sopa y teta”. En la sopa y la teta, es decir, en la sopa boba y la teta al aire se cifran “las libertades que el pueblo se ha dado a sí mismo”, como dicen los folicularios del sistema y sus intelectuales orgánicos. Nada más natural que esta democracia de “sopa y teta” suscite los recelos y las resistencias de las religiones monoteístas, incluso de las que sin llegar a los extremos de la burka y el chador mantienen aún principios tan “obsoletos” como el pudor y el decoro. Y es que para las religiones bíblicas tiene tanta importancia el hombre de cintura para arriba como de cintura para abajo, pues es con el corazón y la cabeza con los que el hombre siente y discurre, mientras que de cintura para abajo es esclavo de sus necesidades y de sus instintos. De cintura para abajo el hombre no se distingue de los demás animales, y de ahí el empeño de los amos del mundo en mantenerlo a cuatro patas y en estado de irracionalidad. Una de esas libertades abdominales es la llamada “libertad sexual” que ha sustituido en el derecho penal al “pudor” como valor humano digno de amparo legal. La “libertad sexual” es un concepto abierto a muchas interpretaciones, a tantas cuantas “opciones sexuales” se tienen por legítimas según la corrección política y los manuales de “educación para la ciudadanía”, y si no, ahí está la teta cinematográfica o televisiva para despacharlas como moneda corriente. Lo mismo se hace con las maneras de ejercer la violencia, de ahí que se dé la paradoja de que en un Estado confesionalmente pacifista, la violencia de la sociedad se intensifique en términos pavorosos. Ya hay precedentes. La segunda República española incorporó al articulado constitucional el pacto Briand-Kellog de renuncia a la guerra, pero implantó desde sus primeros vagidos un clima de guerra civil que acabó desencadenando la guerra que fue, como siempre digo, su pecado mortal.
La trivialización y divulgación de la violencia por los “medios de confusión” es en lo que hay que fijarse antes de buscar chivos expiatorios en otros continentes. Con el terrorismo pasa lo mismo. Como ya no funciona la lucha de clases, se recurre a subterfugios como la lucha de razas o la lucha de sexos, o de “géneros”, para tratar de explicar y de calificar, cuando no de justificar, la violencia. Desde el momento en que el Estado liberal proclama su “neutralidad ética” y se abstiene por tanto de distinguir el bien del mal, todo vale, y desde el momento en que el hombre se deja de la mano de Dios, todo le está permitido.
Casi todo lo que se ha escrito sobre la guerra en la Historia universal ha tenido por objeto, si no suprimirla, al menos regularla. Los partidarios de la supresión son los que, como Rousseau y Kant, parten de la bondad congénita del hombre y de lo fácil que es educarlo y persuadirlo. Los que, como Tucídides, como Hobbes, como Maquiavelo, no se engañan sobre la condición humana, son más modestos, y aspiran a someter la guerra a unas normas. Ahora bien, esas normas eran aplicables a los Estados-nación, que luchaban por intereses igualmente respetables, pero nunca lo fueron cuando la ideología hizo de toda guerra una guerra civil, primero en nombre de la religión y más tarde en nombre de la revolución. Las guerras de religión y las guerras revolucionarias son siempre guerras civiles, guerras sin cuartel.
La democracia imperial que rige los destinos de Occidente sigue aún, aunque sólo sea por inercia, tratando de imponer su ideología en el mundo islámico y descalificando como “terroristas” a las fuerzas que le oponen resistencia, a la vez que otras democracias que no nombro, dejadas de la mano de Dios, se ponen a la defensiva y procuran conjurar el doble peligro, el de la posible guerra de religión con la “alianza de civilizaciones” y el de una guerra revolucionaria de más de treinta años con un “estado de las autonomías” empeñado en llamar “terroristas” a los que no hacen sino aplicar por otros medios la misma política que el sistema constitucional consiente a los separatistas. Si los políticos llamaran a las cosas por su nombre y se atuvieran a la letra de la Constitución, las tropas que pierden el tiempo en el Oriente Medio podrían en veinticuatro horas acabar con esta guerra larvada de los treinta años. ¿O es que la democracia no se considera “constitucionalmente legitimada” para hacerlo?

Thursday, August 27, 2009

Pintura vomitiva

"Vió un día en la acera de San Francisco unas figuras pintadas de mala mano, y dijo que los buenos pintores imitaban a naturaleza; pero que los malos la vomitaban." (Cervantes. El licenciado Vidriera). Ver vómito de Antonio Saura

Wednesday, August 26, 2009

Verano moscovita


Lo que se cantaba en el verano del 64

Vita cantabrigensis
















Tuesday, August 25, 2009

Lectura en buena compañía


Paseaban Jorge Guillén y Romero Murube por Recoletos hablando encendidamente de San Juan de la Cruz cuando hubieron de hacerse a un lado para dejar paso a una piara de cerdos camino de l0s mataderos del Sur de la ciudad. Toda la Castellana era y no sé si sigue siendo cañada real por la que transitaban los ganados desde Castilla hasta Andalucía. Suspendió don Jorge su parlamento ante la polvareda y los gruñidos de los porcinos transeúntes, y volviéndose a su interlocutor exclamó: "¡Cuán vario es el mundo!"

Monday, August 24, 2009

La Italia española


Sunday, August 23, 2009

España y Portugal


Toros en Antequera


Ayer, sábado 22 de agosto se celebró en Antequera una corrida goyesca en la que brillaron las buenas hechuras y la estampa de Morante, el magisterio y el poderío del Juli y la sobria elegancia de El Cid. Los dos últimos cortaron orejas y salieron a hombros. Con ese motivo exhumo esta hoja de una agenda de 1948 en la que se hace referencia a otro festejo en la misma ciudad, en el que a los diestros no les cupo gran cosa en el divino reparto de la suerte.

Saturday, August 22, 2009

Poesía v. Periodismo


Friday, August 21, 2009

Poetas en escena


Representación de Los cuernos de Don Friolera en el Théâtre de la Cour Saint Pierre de Ginebra hacia 1967. Don Manolito soy yo, a la izquierda del espectador y Don Estrafalario, Valente, a la derecha.

Thursday, August 20, 2009

Poetas españoles en Cambridge IV

Véase Fuego con nieve

Poetas españoles en Cambridge III

Véase Fuego con nieve

De una agenda de 1947


(Autógrafos del recitador malagueño José González Marín y de los toreros Manolete y Gitanillo de Triana. Dibujo del dueño de la agenda)

Monday, August 17, 2009

Pageant






















Saturday, August 15, 2009

La Real Maestranza y la República



Hace unos años, la fachada de la Real Maestranza amaneció adornada de banderas de la II República. La Real Corporación tuvo la ocurrencia de encargar su cartel de temporada al cotizado artista Botero y no sé si fue el propio artista o el azar el que pintó de morado el peto del picador. Alertados que fueron los maestrantes, se procedió a la urgente retirada de los carteles y su sustitución por otros en los que el peto era de un azul más o menos celeste. Pocos años después tuve el privilegio de asistir a un acto público, que me dio pie para poner por escrito algunas reflexiones.


La gran fiesta de la concesión de premios de la Real Maestranza de Sevilla a figuras destacadas de la tauromaquia y alumnos sobresalientes de la Universidad tuvo el honor de ser presidida en abril de 2006 por su Hermano Mayor, el actual Jefe del Estado, en un gesto que no creo estuviera previsto en el programa de su Gobierno de festejar los setenta años de la defunción de la Segunda República por parte de todas y cada una de las instituciones de lo que va quedando de la nación española.
Los antecedentes de la Real Maestranza de Caballería están en la Hermandad de San Hermenegildo, fundada en torno a 1248 y puesta bajo la advocación de la Virgen del Rosario en 1573, en homenaje a la batalla de Lepanto, librada el 7 de octubre de 1571. Sin embargo, su acta de nacimiento se fecha en 1670, reinando en las Españas don Carlos II el Hechizado, rey por cierto muy festejado en Méjico, donde nada menos que Sor Juana Inés de la Cruz lo llegó a comparar con Marte, Adonis y Mercurio. Si se piensa que Méjico conserva una estatua ecuestre de Carlos IV y Manila y La Habana sendas, pero a pie, de Fernando VII, habrá que llegar a la conclusión de que la realeza gana con la distancia. No lo entendía así Luis XIV de Francia cuando aconsejó a su nieto, con maquiavélica sabiduría: “Visitad a menudo Cataluña, Aragón y Andalucía”. Felipe V siguió el consejo, sobre todo en lo que a Andalucía se refiere, y a su afición a Sevilla hay que atribuir que bajo su reinado, en 1730, la Maestranza, hasta entonces instituto de la nobleza sevillana, pasara a denominarse Real. Su hermano mayor, que hasta entonces fuera un caballero maestrante, sería en lo sucesivo un infante o un príncipe de la nueva dinastía. El primero fue el infante don Felipe, hijo del Rey y de Isabel de Farnesio, que siguió de hermano mayor aun en su ducado de Parma. Este don Felipe de Borbón Parma, padre por cierto de la castiza esposa de su sobrino Carlos IV, es el Príncipe al que deben su nombre la puerta principal de la Maestranza y el palco que la corona, en cuyo escudo se recuestan dos dioses fluviales: el Betis y el Erídano, es decir, el Guadalquivir y el Po. Al morir el duque de Parma en Alejandría de Italia, su hermano Carlos III, que ya había pasado de Nápoles a Madrid, nombró hermano mayor de la Real Maestranza a su nieto Fernando, el futuro rey, VII de su nombre. La Real Maestranza está, pues, vinculada a la dinastía de Borbón desde su entronización en España, y su lealtad a ella, consignada en sus fórmulas de juramento, la han mantenido los maestrantes en todos los tiempos y en todas las circunstancias. Al fracasar la intentona monárquica del 10 de agosto de 1932, el general Sanjurjo se refugió en un chalet de La Palmera llamado la Casa Blanca, propiedad de la marquesa de Esquivel, esposa, madre y abuela de ilustres maestrantes. En esos años difíciles para los monárquicos, la Maestranza, aun en su semiclandestinidad, no se rindió del todo y de entonces data su actual capilla que, para no provocar a los incendiarios de iglesias, no lo parece por fuera. Tanto en la guerra de Independencia como en la de Liberación, los maestrantes demostraron que a caballo se monta no sólo para torear, sino también para hacer la guerra. Su causa, excusado es decirlo, siempre fue la de su Hermano Mayor, fuera éste el Príncipe de Asturias como en 1808, o el Conde de Barcelona, como en 1936. Un cuñado de éste por cierto, don Carlos de Borbón y Orleáns, tío carnal del Monarca felizmente reinante, figura entre los maestrantes caídos en la guerra contra la República. Entre los retratos al óleo de los maestrantes de todas las épocas había, aunque en lugar discreto, una excepción: el del personaje que hizo posible que la Maestranza volviera a denominarse Real. Ya no está, como es de ley, pues se trata de un personaje del que no quieren saber nada muchos de los que le deben todo.

Concierto de guitarra



Al cabo de los años aparece este programa de un par de conciertos de guitarra a los que me refería en La era de Mairena. Eran los días jueves 5 y viernes 6 de agosto de 1954 y yo iniciaba en San Fernando mis prácticas de oficial de complemento de Infantería de Marina. Al dorso encuentro y transcribo sendas glosas poéticas de un par de las piezas ejecutadas por el artista, debidas al juvenil numen de Fernando Quiñones y del que suscribe.
Aquí Quiñones:
1ª de las "Diferencias" (De Luis de Narváez, 1538)

A yerba, madre,
del monte huele.
-
A yerba sin hortelano,
que non la cuidara mano.
-
A yerba del arbolé,
¡cómo huelé!

Ahora voy yo:


Suite de Roberto de Viseo (1632)

Las cuerdas de la guitarra
tendiéndome están un puente
para que venga a Sevilla
Gil Vicente.

En la reja de la cárcel
seis barrotes carceleros
y detrás de los barrotes
"los mis amores primeros",
prisioneros,
en Sevilla prisioneros
lloviendo y llorando flores
los mis amores,
los mis amores primeros.

La guitarra
cárcel de cuerdas y viento
y dentro los mis amores
presos.

Thursday, August 13, 2009

Catalanes en Madrid


En junio de 1987 el Círculo Catalán de Madrid me concedió su premio de periodismo por un artículo titulado La invención de América. El día de la entrega solemne volaba yo de Pekín a Sevilla y me hice representar por la bella señora que aparece en la foto, cosa que los asistentes sin duda alguna apreciaron. La "pedrea" por así decir fue para el columnista Carlos J. Alvarez (a) "Cándido", con gafas en el centro de la foto.
La invención de América
Y se dice el descubrimiento de América. Aunque ¿no fue también inventada, creada, América? Sí, y por el que le dio nombre, por Américo Vespucio - o Vespucci - como he de demostrarte, lector, algún día.
Unamuno
El verbo “descubrir” entró en nuestro idioma hacia 1140 y el sustantivo “descubrimiento” en 1330. En cambio no hubo “descubridores” hasta 1581. Quien no me crea, que consulte el Corominas. Ya en el XVIII, el Diccionario de Autoridades no tiene empacho en definir el verbo “descubrir” como “hallar aquello que estaba ignorado o escondido hasta entonces, como dscubrir un tesoro, una provincia o una tierra no conocida”, y los sustantivos “descubrimiento” y “descubridor”, respectivamente, como “hallazgo o encuentro de alguna tierra o país ignorado o desconocido hasta allí” y “el que ha descubierto nuevas tierras y provincias”. Entre las autoridades que cita el Diccionario, ninguna más oportuna a los efectos presentes que la del Inca Garcilaso, quien habla en sus Comentarios reales de “los primeros descubridores y conquistadores del Nuevo Mundo” y, en su Historia de la Florida, de “la conquista y descubrimiento del río de la Plata”.
Al empezar a hablarse en la madre patria de conmemorar el V Centenario del Descubrimiento del Nuevo Mundo, una cierta historiografía - vamos a dejarla en publicística - paleomarxista y tercermundista se dedicó en Ultramar a poner pegas al vocablo como paso previo a una negación de la efeméride. Empezó por hablarse de “descubrimiento mutuo”, cosa que no es ningún disparate, pues si es cierto que a Colón corresponde el mérito de haber descubierto las Indias occidentales, también lo es que corresponde el de haber descubierto España a los indios aquellos que Colón llevó a Barcelona para enseñárselos a los Reyes. Luego se pensó que decir “encuentro” sería mejor que decir “descubrimiento mutuo”, ya que, obviamente, lo de la mutualidad no está tan claro. En efecto, “encuentro o hallazgo” es sinónimo de “descubrimiento”, y no cabe la menor duda de que Colón halló o encontró lo que después se llamaría América cuando navegaba en busca de otra cosa. Tan es así, que el propio ex director del Archivo de Indias de Sevilla, don José de la Peña y Cámara, llegó a afirmar que la frase “Colón descubrió América” es un chiste, ya que mal podía el Almirante descubrir algo que aún no existía, sino que fue inventado por otros navegantes que llegarían después.
Según esta línea de razonamiento, tampoco Núñez de Balboa descubrió el Océano Pacífico, sino que se lo encontró; lo que pasa es que no se lo encontró en Jerez de los Caballeros, como Colón no se encontró Guanahaní en Medina del Campo. El único que se encontró un accidente geográfico more latinoamericano fue Mahoma, si es que es verdad que la montaña vino a él cuando él no tenía ganas de ir a la montaña.
El vocablo “encuentro”, por más que sea sinónimo de “descubrimiento” o “invención”, viene en realidad de “en contra”, y como nuestra lengua es más pobre en esto que el italiano, por ejemplo, que tiene scontro e incontro, nos tenemos que apañar para todo con la palabra “encuentro”, término cargado de una bisemia beligerante. Un “encuentro”, y bueno, fue por ejemplo el que se produjo en Otumba, pero para que tuviera el significado que hoy quieren atribuirle algunos, tenía por lo menos que haberse producido en el Mar de los Sargazos.
“Mira qué de malandrines y follones me salen al encuentro”, dice Don Quijote en el capítulo XXIX de la segunda parte, y lo mismo pudo haber dicho más de un contemporáneo suyo si, al poner el pie en el Nuevo Mundo, llega a encontrárselo lleno de “latinos” en vez de encontrárselo lleno de indios. Porque los “latinos” fueron los malandrines y follones de que se valieron respectivamente Napoleón III y Fernando de Lesseps para justificar el uno su aventura mexicana y el otro su aventura panameña. Desde que Napoleón el pequeño y el hombre de los canales pusieron los ojos y las manos en la cintura de América, ésta dejó de ser “hispana” para apellidarse “latina”, y “latinos” se apellidan ahora muchos que, sobre no haber saludado el latín - ni la geografía ni la historia - son en realidad afroasiáticos y angloparlantes. Los únicos de todas las Américas que tienen a gala llamarse “hispanos” o “hispánicos”, es decir, llamarse lo que son, son los pobres puertorriqueños; los únicos que no se avergüenzan de haber sido descubiertos o encontrados o inventados por España, cuya lengua hablan, no la del Lacio.
En toda España y en toda la América española se celebra o se celebró durante muchos años lo que se llamaba indistintamente Día de la Raza o Día de la Hispanidad. Esta equiparación de la Hispanidad y la Raza es lo único serio que en la historia universal se ha hecho para combatir el racismo, pues en virtud de ese concepto de raza hispánica, lo que cuenta no es el color de la piel, sino la lengua que se habla, y esa lengua, repito, no es la del Lacio, sino la de Hispania.
Se arguye que lo “latino” surge por oposición a lo “sajón”, en cuanto que a la etnia “sajona” hay que oponer la etnia “latina”, es decir, que se acepta sin más, sumisamente, la dialéctica impuesta por el racismo anglosajón. Lo opuesto a lo sajón no es lo latino, sino lo hispánico, porque lo sajón es un común denominador étnico y lo hispánico un común denominador lingüístico. El término “latinoamericano” o “Latinoamérica” fue la punta de lanza del imperialismo cultural francés que acabaría haciendo suya el imperialismo anglosajón. No bastaba con haber desplazado a España del espacio político del Continente; había además que desplazarla en lo espiritual, a ver si, con un poco de suerte, se olvidaban de ella para siempre los pueblos que le deben todo lo que son. Estos pueblos son mayores de edad, saber y gobierno y pueden olvidarse de lo que quieran y llamarse como gusten, pero nosotros, los españoles, no podemos ni debemos olvidar que el hito mayor de nuestra historia es haber hecho esa parte del mundo; es decir, haber descubierto, encontrado o inventado a Hispanoamérica.
De sobra sé que en Ultramar se reflexiona con sensatez sobre estas cuestiones, y tengo muy presente la obra del mexicano Edmundo O’Gorman, cuyo mero título demuestra holgadamente que yo no estoy aquí inventando la pólvora ni descubriendo el Mediterráneo. Ya dije más arriba que “invención” es sinónimo de “encuentro” y de “descubrimiento”. En realidad América, y muy concretamente la América española, fue un invento que data por lo menos de 1507, cuando el humanista Waldseemüller, en la Cosmographiae Introductio que puso a su reedición de las Quatuor Americi Vesputii Navigationes, propuso que el mundo recién descubierto se denominara “ab Americo Inventore…” La Santa Madre Iglesia festeja o festejaba el encuentro o el descubrimiento del Lignum Crucis por Santa Elena emperatriz con el nombre de Invención de la Santa Cruz. Eso es lo que en 1992 deberíamos celebrar los “españoles de ambos hemisferios”: el V Centenario de la Invención de América.

La esfera y la cruz


En el antiguo Berlín Oriental, tan bien protegido por el llamado Muro Antifascista, el camarada Ulbricht hizo levantar un pirulí de televisión rematado por una esfera de cristal en la que el sol al reflejarse trazaba una cruz luminosa, rindiendo así de paso y sin querer un tributo a Chesterton. Los berlineses le decían La Torre de San Walter.

Véase Diario de Sevilla

Wednesday, August 12, 2009


10. La espada de Damocles
A lo largo del siglo XX el hombre ha intentado varias veces suprimir la guerra, para lo cual ha habido que hacer varias guerras. Las dos guerras mundiales se hicieron para eso; eran guerras para acabar con todas las guerras. Pero es que acabar con la guerra es como acabar con la muerte, otra ilusión de algunas utopías de nuestro tiempo. Mientras el mundo exista, habrá guerra como hay muertes y hay enfermedades, y lo único que el hombre puede hacer al respecto es tratar de mitigarlas, como ya se ha hecho repetidamente, en el caso de la guerra, desde los tratadistas del derecho de gentes hasta los Convenios de Ginebra. En estos Convenios, la guerra está sometida a unas reglas de juego; claro está que a veces los combatientes no las cumplen, pero para eso está la figura jurídico-penal del crimen de guerra, para castigar al que no las cumple si es que pierde la guerra. El que la gana queda absuelto por el mismo hecho de haber ganado. Esto fue así en Nuremberg, antes de Nuremberg y después de Nuremberg.
Lo que está fuera del juego según los Convenios es el invento español de la guerrilla, es decir, el bandolerismo con fines políticos, la lucha a traición, el terrorismo, que los códigos de justicia militar solían castigar con el fusilamiento por la espalda. Esta forma de guerra ha venido cobrando tanto prestigio en el mundo moderno, al amparo del antimilitarismo, que ahí la tenemos, invisible y omnipresente, espada de Damocles sobre cada una de nuestras cabezas.

Tuesday, August 11, 2009

10 de agosto

El 10 de agosto la clase política andaluza celebra en Sevilla un hecho luctuoso, el fusilamiento del pobre don Blas Infante en 1936, y el jefe de la "oposición" a la que, dicho sea entre paréntesis, le cuadraría más conmemorar otro 10 de agosto, el de 1932, el de la intentona monárquica de Sanjurjo, reprocha a los que detentan ahora el mando el escaso entusiasmo con que se conmemora al "padre de la patria andaluza". Una nieta de don Blas lee un texto de su abuelo en el que hace un cuadro social y político de la Andalucía de su tiempo aplicable a su juicio en todo y por todo a la Andalucía actual. Ese texto es de 1921, de tiempos "de la Dictadura". Da la casualidad de que la Dictadura de Primo de Rivera no vino hasta dos años después, en septiembre de 1923, y justamente para tratar de poner fin a ese estado de cosas que denunciaba don Blas.

Sunday, August 09, 2009

Tamarón & Santayana


"I was happy to have been at home both in Spain and in New England and in various countries frequented by tourists; even happier to have breathed intellectually the air of Greece and Rome, and of that Catholic Church in which the world and its wisdom, without being distorted, were imaginatively enveloped in another world revealed by inspiration." George Santayana. DOMINATIONS AND POWERS. Preface. February 1951.

Véase Marqués de Tamarón
Véase también Santayana y el 98

Saturday, August 08, 2009

Escudé y la identidad americana


Alberto Buela

La pregunta por la identidad es una de las más reiteradas en la ecúmene iberoamericana. Las razones de tamaña reiteración son muchas y variadas, como lo son las respuestas y los autores.
En Argentina han descollado sobre el tema autores conocidos como Borges y desconocidos como Murena, ingeniosos como Castellani y torpes como Martínez Estrada, nacionalistas como Gálvez y liberales como Massuh, religiosos como Marechal y antirreligiosos como Raurich pero lo que no había ocurrido hasta ahora era que hombres con carencia de enjundia intelectual se ocuparan del tema, como es el caso del artículo de Carlos Escudé (*) La identidad hispanoamericana aparecido en La Nación diario el 5/8/09.

La tesis del autor es en Nuestra América se habla castellano porque Gutemberg en 1455
inventó la imprenta.
Y además agrega la siguiente genialidad: “Que Argentina y Chile jamás han librado una guerra (por hablar en castellano). En cambio desde que nosotros somos independientes Francia y Alemania han protagonizado tres…El origen de la diferencia fue la presencia o ausencia de la imprenta al momento de producirse los colapsos imperiales que hicieron posible el nacimiento de estos Estados”.

En nuestros largos años de lecturas pocas veces pudimos encontrar en un breve párrafo tanta cantidad de sandeces y errores. Y sobre todo proviniendo de un politólogo renombrado y publicitado por uno de los diarios más reconocidos de lengua castellana como La Nación.

En primer lugar Chile y Argentina no liberaron nunca una guerra porque la diferencia exponencial entre uno y otro es inconmensurable. Y los chilenos lo saben y los argentinos también. Chile no va a iniciar una aventura bélica que en principio puede serle favorable (en 24 hs. podría instalarse en Santa Rosa) pero sabe que finalmente fracasa, y Argentina no tuvo ni tiene ninguna necesidad geopolítica de invadir Chile.

En segundo lugar es falso que desde 1810 hasta el presente no hayamos tenido guerras los Estados de lengua castellana en América. Para limitarnos a América del Sur, nosotros tuvimos la guerra del Pacífico entre Chile(1879-1884) por un lado y Bolivia y Perú por el otro; la guerra de la Triple Alianza(1864-1870) que enfrentó al Paraguay contra Argentina y Brasil y la guerra del Chaco(1932-1935) donde lucharon Bolivia contra Paraguay. Peor aún, la guerra de la Triple Alianza es considerada como la primera guerra vae victis de la modernidad.

En tercer lugar, en el siglo XV, momento de aparición de la imprenta, España está por entrar en su plenitud imperial y no en su colapso.

Vaya un pequeño comentario, para no gastar pólvora en chimangos, como comúnmente se dice cuando el tema no da para más.
España descubre América 37 años después del nacimiento de la imprenta y ya en 1472 comienza con la edición de sus primeros libros. En América la primera imprenta se establece en 1536 en México y al poco tiempo se funda la primera universidad en 1538 en Santo Domingo. Y el mayor trabajo de las imprentas americanas fue la publicación de catecismos y textos religiosos en las lenguas indígenas. Al respecto en un brillante artículo de Vittorio Messori América: ¿lenguas cortadas? se afirma: “ En el virreinato más importante, el de Perú, en 1596 en la Universidad de Lima se creó una cátedra de quechua, la «lengua franca» de los Andes, hablada por los incas. Más o menos a partir de esta época, nadie podía ser ordenado sacerdote católico en el virreinato si no demostraba que conocía bien el quechua, al que los religiosos habían dado forma escrita. Y lo mismo pasó con otras lenguas: el náhuatl, el guaraní, el tarasco...”
Hay que saber que en el momento de nuestra independencia, alrededor de 1810, solo cinco millones de americanos hablaban castellano.
En realidad la imposición del castellano como lengua obligatoria nace a partir de esta fecha por parte de las oligarquías criollas ilustradas y afrancesadas. Hay que decirlo con todas las letras, la monarquía católica española tomó muy en serio la evangelización de América y por eso obligó al esfuerzo de predicar el evangelio en las lenguas de los aborígenes, mientras que por el contrario son los filósofos de la ilustración y la masonería inglesa y francesa que ejercen influencia total sobre las oligarquías locales para dejar de lado la inculturación del Evangelio y con ello mismo, abandonar el uso de las lenguas telúricas.

Como vemos estas tesis de Escudé no solo son erróneas sino totalmente infundadas. Es una pena que el empobrecido Estado argentino gaste dinero a través del Conicet en semejante papanatas. Es de desear, ahora que se convirtió, sea el Estado de Israel, que tiene más dinero que el nuestro, quien lo beque o le pague el sueldo.


(*) Politólogo, cuyo rasgo distintivo no es su producción en ciencias políticas sino el haberse convertido al judaísmo. ¿Cómo deben de sentirse “los paisanos serios” con semejante conversión?

Amnesia histórica



En todos o en casi todos los semanarios ilustrados más o menos políticos, asistimos de vez en cuando a un desfile de figuras del espectáculo que, solas o apuntadas por el entrevistador de turno, nos hablan de democracia con gran conocimiento de causa. Hemos llegado así a saber los españoles que hay dos clases de democracia: la democracia formal y la democracia real, o sea, una democracia alta de formas que exhiben y otra democracia baja de fondos que se ocultan, y que la primera, la alta, la formal, la que reina en Occidente, no es más que la antesala de la segunda, la baja, la real, que es la que ya impera en Oriente. Se habla pues mucho de democracia. De libertad se habla menos y, en todo caso, para llamar reaccionarios y fascistas a quienes la quieren poner a salvo de la mala educación.
Tampoco la televisión dejaba de contribuir a esa formación democrática acelerada del país, cuando he aquí que en un popular programa apareció, como un ánima del Purgatorio, el ruso Alejandro Solyenitsin que, hablando por fin de libertad, desbarató en media hora la paciente labor de los que llevaban meses hablando de democracia. Cuando la materia creía haber tapado todos los huecos, llegó este espíritu y se coló de rondón por el más peligroso de ellos. La indignación y el rechinar de dientes eran de prever y las reacciones no fueron como para asombrar a nadie. Un reaccionario hubo o, si se prefiere, un reaccionante, que se pasó de la raya y fueron sus propios congéneres quienes se encargaron de refutarlo en términos pocos caritativos. Lo dicho por este sujeto fue tan grueso y le acarreó tantas ofensas, que lo único que ya podría soportar es la caridad. No se la neguemos.
Lo que no es cosa de pasar por alto es alguna de aquellas poco caritativas refutaciones. Una hubo, estupenda, de un talentoso joven de lúdica inteligencia de ardilla, que daba una lección de agilidad circense al elefantino rival. Un número de circo varía mucho según el artista que lo ejecute. Así, mientras el artista pesado pedía para Solyenitsin el castigo clásico de los buenos tiempos del leninismo-stalinismo, o sea el campo de concentración, el artista ágil, escandalizado por tan arcaico proceder, se mostraba partidario del método revisionista del leninismo-breznevismo de declarar loco al reo. O sea, que si uno quería educar a Solyenitsin, el otro sólo aspiraba a curarlo. Evidentemente merece el manicomio un señor que se atreve a hablar de los campos de concentración no catalogados aún en los registros del progresismo. Pero lo más estupendo de todo era que, en una acrobacia mental imposible, la ardilla equiparase a Solyenitsin, reo de haber hablado de esos campos, con el Sartre que en 1950 no quiso hablar de ellos.
En su interesante e inútil libro Persona non grata, recoge el chileno Jorge Edwards una opinión del difunto Neruda sobre Solyenitsin: “Es un gran escritor, pero un gran majadero” venía a decir nuestro laureado vate ultramarino, para explicar a continuación que la majadería del ruso consistía en su empeño en provocar a las autoridades de su país. La reacción de éstas era comprensible y, si era de deplorar, no era por los sinsabores que acarreara a Solyenitsin en su santa tierra, sino por la embarazosa situación en que ponía a Neruda y otros amigos de la Unión Soviética en eso que llaman el mundo libre y que sería más exacto llamar la zona del dólar.
Esto ocurría cuando Solyenitsin vivía aún en la dacha de Rostropóvich y Neruda se columpiaba entre la UNESCO y la Isla Negra.
Poco tiempo después estaba Neruda de cuerpo presente en una de sus casas, saqueada por el populacho, y las autoridades soviéticas tenían el rasgo magnánimo y humanitario de tenderle a Solyenitsin el puente de plata de un Iliuschin. Sic transit gloria mundi. Lo que Neruda se haya encontrado en el otro barrio habrá que buscarlo en la escatología de su Tercera residencia; lo primero que Solyenitsin se encontró al salir del paraíso del proletariado fue la hospitalidad oficial de Heinrich Böll. No se sabe bien de qué hablaron el alemán y el ruso. Lo que se sabe es que aquél le dijo a éste que ya iría dándose cuenta de los defectos de Occidente.
No tuvo que esperar mucho Solyenitsin para ello; de abrirle los ojos, en el supuesto de que no los trajera ya bien abiertos, se encargaron los intelectuales de izquierdas con una unanimidad ejemplar. El cotarro occidental añadía a sus espectáculos habituales el edificante número de recibir al escritor expulso, primero con un embarazoso silencio, luego con un abucheo fenomenal. Los mismos que encuentran perfectamente natural que unos cobren el Nobel en coronas suecas y el Lenin en dólares para comprarse casas en los países en los que no ha sido abolida aún la propiedad privada, se rasgaban los blue jeans porque Solyenitsin acudía a Estocolmo a recoger el premio que no había podido cobrar en su país en rublos no convertibles. Conformistas de toda laya, vividores del exilio, masoquistas de cinemateca, exhibicionistas de parque municipal, acusaban ahora a Solyenitsin de provocador del liberalizante Gobierno de su país, de explotador del destierro, de masoquista de sus evocaciones, de piedra de escándalo en suma en el charco de ranas que llaman “la corriente de la Historia”. Fallido el tímido intento de recuperarlo como socialista desestalinizado o como cristiano postconciliar, hecho sin gran convicción por el propio Böll, hubo que rendirse a la evidencia y vomitar sobre él toda suerte de abominaciones. La izquierda “civilizada” sumaba su voz lapidante a la de la izquierda cerril, y el diario parisino Le Monde fue como de costumbre el que mayor hospitalidad brindó a la una y a la otra. Los sufrimientos y las persecuciones de que pudiera ser objeto este señor no eran en efecto nada en comparación con los que se atribuían sus detractores. El sistema de los dos pesos y las dos medidas, confirmado por la jurisprudencia del Tribunal Russell, se imponía rotundamente, así que mucho liberal de ancha manga izquierda alegó que el miedo pasado por él en su país pesaba tanto o más que el riesgo corrido por Solyenitsin en el suyo. (Efectivamente, una señorita frente a un ratón pasa mucho más miedo que un torero frente a un toro).
Todo esto es alarmante porque indica privación de memoria histórica. «El objetivo mayor y acaso principal —escribe Maximov en un reciente y silenciado llamamiento, refiriéndose a los objetivos de la ideología totalitaria por excelencia —es el de privar al hombre de memoria histórica, de raíces morales, de fundamentos y tradiciones seculares; obligarlo a olvidar su origen divino. Un hombre sin memoria histórica es dócil material para los experimentos sociales más alocados», Y refiriéndose a uno de esos experimentos para desmemoriados, dice Maximov más adelante: «En los últimos años, en ambientes cristianos bastante amplios incluso, se examina seriamente la cuestión de 1a colaboración con con el diablo. Altos prelados y hombres políticos eminentes discuten çon profunda seriedad sobre el diálogo entre cristianismo y marxismo. Han olvidado (puede que nunca lo hayan recordado) que hace casi dos mil años, en el desierto al pie de Jerusalén, ya había tenido lugar semejante diálogo. Fueron hechas tres proposiciones sociales y fueron dadas tres respuestas espirituales. Un verdadero cristiano no tiene nadaque añadir a las palabras eternas de su Salvador».
(Este comentario, incluido en el libro arriba indicado, fue publicado a raíz del suceso en Ya o en Informaciones. Era el segundo de los que dediqué al escritor ruso; el primero, incluido también en el libro, a propósito de unas declaraciones que hizo en Le Monde. Los intelectuales aludidos eran Benet, Savater y Laín. Este último por lo menos tuvo la dignidad de "recargarse" la conciencia poco antes de morir ante el lamentable espectáculo de este régimen balcanizante y antiespañol).

Thursday, August 06, 2009

El número de Solyenitsyn en TVE

Véase La Quimera de Julia Escobar

Tuesday, August 04, 2009

Nª Sra. de las Nieves


XI
(Santa María la Mayor)
En Roma en pleno agosto
cayó la nieve.
Estas cosas en Roma
no son frecuentes.
Avisaron al Papa.
Vino volando,
con cuatro cardenales
protonotarios.
Desde ese día
tuvo otra iglesia en Roma
Santa María.
Desde esa hora
tuvo en Roma otra iglesia
Nuestra Señora.
(AIRE DE ROMA ANDALUZA)

Monday, August 03, 2009

El tiempo entre los labios



El poeta sevillano Víctor Jiménez, que saca en la colección "Calle del Aire" de Renacimiento su antología El tiempo entre los labios, nació en la misma casa del barrio de San Benardo en la que muchos años antes naciera el torero Pepe Luis Vázquez, y a esa casa le dedica unos versos que tienen toda la gracia de muchos lances inolvidables del maestro.



SAN BERNARDO 10

DONDE hoy una ventana,
hubo ayer una puerta
de par en par abierta
al sol de la mañana.

Donde hubo una campana
tocando a vida cierta,
hoy sólo se despierta
mi pena y se desgrana.

Ansiar tanto el encuentro.
Correr sin que se acabe.
Llegar bajo la luna.

Y está mi infancia dentro.
Y he perdido la llave.
Y no hay puerta ninguna.

Sunday, August 02, 2009

Las Tres Gracias



En los parques y jardines romanos, en los paseos oscuros que salen de la urbe, se apostan al anochecer las meretrices, esas musas del automovilista, reposo del guerrero urbano, y encienden hogueras para señalar su presencia y calentar su mercancía. Una de ellas, expuesta a los focos de un auto contra una tapia de latericio, le trajo a la memoria a Jünger, excombatiente de dos guerras, la escena de un fusilamiento nocturno. Vistas así las cosas, yo no tengo más remedio que acordarme de los fusilados de la Moncloa. En una esquina de la mole ruinosa de las Termas de Caracalla se ponían tres juntas, a quienes yo llamaba las Tres Gracias, que también operaban de día. Un día de tantos se acerca un auto de un individuo que debía de ser viajante de electrodomésticos o cosa parecida, pues llevaba en el asiento trasero una gran caja de cartón. Entra en tratos con una de las Tres Gracias; llegan rápidamente a un acuerdo y ella se sube y el coche arranca hacia la Appia y la Ardeatina. Cuando están ya en despoblado, se abre la caja de cartón, sale de ella un enano, inmoviliza por detrás a la furcia mientras el conductor le vacía el bolso. Luego la abandonan en la cuneta.

[ LECCIONES DE HISTORIA]


Miguel d'Ors

V

L A segunda mitad del siglo XX

proclamó la bandera de la paz y la vida:

la vida de Mick Jagger, la vida de Alí Agca, la de Charles

Manson, la de Bokassa,

la de José Rodríguez, son sagradas;

la vida de las focas y la de las sequoias

y hasta la vida de los vietnamitas

son sagradas, etcétera...

Muy bien, señores, pero

mientras el Universo se llenaba

de palomitas rosas, mientras todos ustedes

hacían el amor y no la guerra,

en cada útero un Auschwitz, un Dachau, un Stalin,

un Führer, un Vietnam, un Paracuellos,

un negro y fiero y ciego bombardeo.

Todo legal, no sufra, todo a cargo

de la Seguridad Social, naturalmente.

Cinco, veinte, sesenta millones, ochocientos

millones de personas —Dios lleva cuenta exacta—

asfixiadas, quemadas, trituradas

(con absoluta higiene y música ambiental

para que nadie diga).

Yo he escuchado sus llantos diminutos,

he visto sus milímetros de espanto,

sus deditos de leche desvalida

moviéndose en el cubo funerario.

Yo levanto estos versos como un volcán de rabia

y grito a las estrellas

que el mayor genocidio de este planeta fue

la segunda mitad del siglo XX.

Saturday, August 01, 2009

Cortafuegos

Como todos los veranos desde que tenemos democracia, a los rigores de la canícula vienen a sumarse las plagas estivales de la piromanía y el terrorismo. Con la cosa del ecologismo no se desbroza el monte bajo ni se queman los rastrojos y el separatista goza con otras alimañas de la fauna ibérica de la condición de especie protegida. Uno de los peores “daños colaterales” de los estragos del separatismo es la prevista y manida letanía de condenas de boquillas y el parte triunfal de una guerra larvada que ya supera a la de los Treinta Años y que no lleva trazas de acabar. Me imagino la risa con que los “chicos de la gasolina” oyen eso de la firmeza de los demócratas, los instrumentos del estado de derecho y el pronóstico de largas penas de privación de libertad que de sobra saben todos en qué consisten y cuánto duran los milenios que conllevan. Así, pues, el monte bajo y las rastrojeras arden libremente y las alimañas se cobran su tributo de carne humana a sabiendas de que, aun cuando las cacen, nada grave les va a pasar, pues en última instancia hay un Tribunal Constitucional que acaba premiando “como sea” los esfuerzos encaminados al “pleno desarrollo” de los estatutos autonómicos.
Da la impresión de que la democracia prefiere seguir con los instrumentos (de viento) del estado de derecho que aplicar – horresco referens! – un eficaz sistema de cortafuegos.