Tuesday, September 27, 2011

Suicidio



Thursday, September 22, 2011

Tuesday, September 20, 2011

La burbuja editorial


Perfecta definición:

“Las empresas distribuidoras “viven” del servicio de novedades que sirven a las librerías y otros puntos de venta. Entregan las novedades e inmediatamente “cargan” con pagos demorados (30 o 60 días) a las librerías. Puede haber servicios de novedad una vez a la semana (o incluso más). A nadie se le puede escapar que con la cantidad de títulos editados al año en España resulta imposible que el mercado reciba (compre) ni una décima parte de los mismos. Dónde está el negocio de editar-distribuir libros deberíamos preguntarnos. Pues en ese movimiento de dinero demorado (e inexistente en términos de libros vendidos). Es decir, para los distribuidores, cada libro colocado en librería “es” un libro “vendido” (por lo menos a uno o dos meses vista). Pero como, evidentemente, ellos saben que no es así, el negocio está en “reponer esa venta” con otro (o más, cuantos más mejor) títulos nuevos. Vistas así las cosas, el librero que sobrevive es aquel que devuelve novedades a mayor ritmo que lo que recibe del distribuidor. Sí, amigos/as, en el fondo (y en la superficie) cuantos más libros mejor (para la distribución); otra cosa es el interés en que se vendan (y lean). Podemos hablar si quieren de la “burbuja” económica del libro. ¿Hasta cuándo?”.

(Escribe Pedro Fernández-Barbadillo)

Saturday, September 17, 2011

Monday, September 12, 2011

Capuccino y croissant


Véase Religión en libertad



(Apócrifo alemán. Los Papeles del Sitio. Valencina de la Concepción, 2008)


Friday, September 09, 2011

Toreo de bandera


Morante en Bilbao

Sopa boba

(Escena de La ópera de los mendigos de John Gay)
Una comida diferente

Pagó la última ronda de unas cervezas que le habían sentado divinamente después de una intensa semana de trabajo, se lo habían pasado bomba despotricando del viaje del Papa, de la hipocresía de la Iglesia , de todo lo que les pedía el anticlericalismo que los unía como la amistad que se profesaban y que les servía para estar colocados en la misma empresa pública de la Junta. Se fue a casa para comer algo antes de echarse una buena siesta, pero de camino se encontró con un olor que lo llevó directamente hasta el paraíso efímero de su infancia. Un olor a cocido, a caldo humeante, el aroma que lo recibía cuando llegaba a su casa después del colegio, con su madre atareada en la humilde cocina donde la olla hervía sin cesar.
Entró en un local que le pareció un restaurante modesto, pero con encanto; iba distraído, pensando en el Informe Técnico sobre Prevención de Riesgos Psicosociales de las Personas Expuestas a Situaciones de Disrupción Económica Familiar que le habían encargado en la empresa pública donde trabaja. En realidad, no era un restaurante; sino un autoservicio frecuentado por gente de toda condición. Había personas ataviadas a la antigua usanza, junto a individuos solitarios que vestían según las normas alternativas del arte póvera. De pronto abrió los ojos y se quedó pasmado al comprobar que, quien le servía la comida en la bandeja, era una monja. Aquello era un comedor social y se vio rodeado de eso que nunca se nombra en los informes ni en los dosieres que prepara: pobres.
Quiso retirarse; pero la monja no lo dejó. Le sonrió y le dijo que no se preocupara, que la primera vez es la más complicada, que no debía avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que, de segundo, había filete empanado; que no se perdiera las vitaminas de la ensalada ni de la fruta, y que podía rematar la comida con un helado de los que había regalado una fábrica cuyo nombre obvió. Se vio sentado a una mesa donde un matrimonio mayor, y bien vestido, comía en silencio, sin levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida; había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa, después del divorcio no sabía a dónde ir; menos mal que las monjas le daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo. «Al final, he tenido suerte en la vida, compañero; así que no te agobies, que de todo se sale...»
No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias. Se limitaban a darle de comer al hambriento, sin adjetivos. Al salir, no le dio las gracias a la monja que le había dado de comer. Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra. Una inclinación de cabeza. Ella le contestó con una sonrisa leve. «Vuelve cuando lo necesites y, si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Esperanza».
Pregunta:
¿Hay algún comedor social regido por ateos o por los sindicatos?

(Escribe PACO ROBLES en ABC de Sevilla)




Wednesday, September 07, 2011

La Cina è vicina



Monday, September 05, 2011

Historia romana

(Pineta Sacchetti)

G e m e l l i

Después del atentado que casi le cuesta 1a vida, Juan Pablo II, como se recordará, ingresó en el Policlínico Gemelli, hospital situado allá por el Trionfale, detrás de la Pineta Sacchetti, donde se le practicaron las primeras curas y permaneció hasta dársele de alta. El Policlínico Gemelli debe su nombre a una fuerte personalidad de la Iglesia, el padre Agostino Gemelli que, después de cursar estudios de Medicina y Biología en Italia y Alemania, ingresó en la Orden Menor de San Francisco y sirvió en la Guerra Europea como capellán castrense destinado al cuartel general del ejército de operaciones. Concluida la guerra, en 1919 fundó Gemelli la Revista de Filosofía Neo-escolástica y en 1921 la Universidad Católica del Sagrado Corazón, de Milán. Fueron él y Giambattista Montini los hombres de Iglesia que más influyeron en la juventud católica italiana, y tal vez a esa influencia se debió el que el grueso de esa juventud se desinteresara de las propuestas políticas de Don Sturzo. Nunca fueron un secreto – todo hay que decirlo - las relaciones “conciliatorias” que Gemelli mantuvo con el fascismo.

Muerto en 1959, no llegó Gemelli a conocer el Concilio Vaticano II, esa caja de Pandora que destapó el Santo Padre Juan XXIII. No quisiera entrar en terrenos en los que doctores tiene la Santa Madre Iglesia, y si me asomo a ellos es porque en ellos veo pontificar a los doctores que también tiene el siglo. Uno de ellos fue el catedrático y poeta José María Valverde que, en unas conferencias pronunciadas en la Fundación March, afirmaba que ... lo más importante del Concilio Vaticano II proviene... de esa puesta en cuestión de la Teología; y ese cristianismo nihilista sigue operando hoy, a pesar del apego de la Iglesia a la denominada "cultura cristiano-occidental”."

(José María Valverde)


No seré yo quien le dé ni quien le quite la razón a Valverde, pero si es que la tiene, se comprende muy bien que Montini, que como Pablo VI tanto luchó por atar lo que su antecesor dejó desatado, denunciara la "autodemolición” de la Iglesia. Esa autodemolición de la Iglesia sería la operación más impor­tante de la autodemolición de la "denominada" cultura cristiano-occidental, de la que la Iglesia era, o es, el baluarte más firme, cosa que entendió muy bien un laico en el doble sentido de la palabra como Benedetto Croce a raíz de la hecatombe europea de 1945. Ante la victoria del Anticristo, Croce vio que el espíritu no tenía más remedio que refugiarse en las posi­ciones que defendía la Iglesia de Roma, y en la defensa de esas posiciones pocos tuvieron la moral de combate de Agostino Gemelli, para quien "la cultura moderna" era "el enemigo más fiero del Cristianismo".

Me figuro que la cultura cristiano-nihilista que Valverde contraponía a la cultura cristiano-occidental se parece bastante a la "cultura moderna" contra la que Gemelli se batió como cristiano. Y es que esa cultura cristiano-­nihilista es en el fondo una cultura pagano-hedonista, como demostraría muy bien Octavio Paz, cultura, o mejor dicho, contracultura, cuya razón de ser es la negación de ciertos valores permanentes que siempre creímos que eran cris­tianos y que tal vez por reivindicarlos y defenderlos fue a parar Juan Pablo II al Policlínico Gemelli.

Roma, abril de 1982

Saturday, September 03, 2011

Vargas Llosa sobre la JMJ


Véase La Nación