Tuesday, January 31, 2012

Rafael León



(Rafael León, primero por la izquierda. Los otros son Abelardo Linares, José Luis Tejada, María Victoria y Fernando Ortiz. Granada, 1979)




Solamente hoy me entero del fallecimiento en Málaga del poeta, maestro impresor, fondista, bibliófilo y caja de sorpresas que fue Rafael León Portillo. Igual me pasó con su maestro y mío Alfonso Canales. Algo de lo mucho que hoy podría decir de él está dicho hace años, cuando la vida nos sonreía a María Victoria, a él, a mí y a todo cuanto nos rodeaba en su mágico mirador del Paseo de la Farola.

Cherchez l’homme


Mis primeras noticias literarias de María Victoria Atencia fueron a través de la revista Caracola, en la que además colaboraba su novio Rafael León. De ellos el primero que me habló fue José Luis Tejada, que los había conocido y frecuentado en un viaje a Málaga y que me mostró incluso un retrato de María Victoria, no recuerdo si dedicado. Rafael León le publicó además a Fernando Quiñones su primer libro: Ascanio o el libro de las flores, y fue tan primorosa la edición que le escribí proponiéndole que me publicara a mí La calle de la Luna. Aún estoy aguardando su contestación.
Poéticamente convivimos mucho en Caracola sin conocernos ni tratarnos. En el verano de 1970 pasé unos días en Fuengirola en casa de José Luis Cano, y una noche fuimos a Málaga a un recital de Narciso Yepes. Al salir pasamos un momento por el hotel Málaga Palacio y allí me presentaron a un joven muy bien parecido y mejor trajeado, con una pierna levemente flexionada y ese buen color que pone en la juventud el mar del verano, que en el breve espacio de unos cinco minutos se las arregló para soltar todos los disparates y las inconveniencias que otro cualquiera en su caso proferiría a lo largo de toda una larga vida. Era Rafael León. Rafael León procuraba diferenciarse de su cuasi homónimo el sevillano Rafael de León, y a fe que lo lograba con una poesía enjuta, escueta y críptica que rehuía “la apariencia de un vano arte sonoro”. Cada uno de sus breves poemas era un emblema barroco grabado a punta seca. Frente y contra la facilidad popular de Rafael de León - o de José Luis Tejada - Rafael León era un poeta emblemático y difícil. Al mismo tiempo era impresor, dentro de la prestigiosa tradición malagueña de la antigua Litoral. A mediados de los 60, viviendo yo todavía en Ginebra, tuve ocasión de reseñar para la revista Indice un librito editado por él: las Poesías de Cavafis traducidas por Elena Vidal y José Angel Valente.
En el verano de 1976, el jesuita Muñiz Romero me organizó un par de lecturas poéticas en Málaga y Benalmádena. Fue una cosa muy extraña y, en los tiempos que corrían, bastante violenta. Fui alojado en el hotel Málaga Palacio y a la hora indicada comparecí en el patio de una casa palacio ante un público de cursos de verano que nada sabía de mí, pues nadie se tomó la molestia de presentarme. En el curso de mi charla, una señora me hizo la observación de que levantara la voz porque se me oía mal. Al concluir, se acercó a saludarme y se presentó. Era María Victoria.
Naturalmente yo sabía quién era, aunque nunca la había visto en persona y aunque llevaba unos quince años oficialmente apartada de la poesía. Ese reencuentro, en el que hay que decir que arrancó mi amistad con el matrimonio, coincidió además con la resurrección poética de María Victoria, que además aquel mismo año publicó dos libros importantes: Marta & María y Los sueños. Otra coincidencia que se produjo entonces fue la del enmudecimiento poético de Rafael, que se despidió de la afición con su Homenaje a Dioscórides, de ese mismo año de 1976, aunque tres años más tarde, en los pliegos de La Cónsula, nacieron tres plantas más que faltaban en su jardín botánico. Una de esas plantas -la gazania nívea - venía a depositarse sobre la tierra aún fresca que le era leve a Blancanieves, la hija de Bernabé Fernández Canivell.
En la filigrana de toda la poesía que en Málaga y fuera de Málaga se escribió en bastantes años está Fernández Canivell. Sin él no daba un paso Rafael ni, por consiguiente, María Victoria. Luego al trío se incorporó Pablo García Baena. Pablo y Bernabé eran los apóstoles inseparables de la poesía en Málaga, como siglos atrás lo habían sido de la fe de Cristo en la isla de Afrodita.
Otra voz poética que enmudeció en aquellos años fue la de Eugenia, la hija menor de María Victoria y Rafael, y fue como si todas las voces poéticas de la familia se fundieran en una: en la de María Victoria, que levantó el vuelo y dio muestras de una fecunda regularidad. Sin embargo, esta consagración de María Victoria a la poesía después de un eclipse de quince años, no se producía en menoscabo de sus virtudes domésticas ni, me atrevería a decir, sociales. En una época dominada por la procacidad feminista, María Victoria se afirmaba libro a libro sin dejar de ser gran señora ni madre de familia. Respetada y admirada en toda la ciudad, llevaba su hogar con un señorío de matrona romana, y en su hospitalidad no se sabía qué maravillaba más, si la armonía impecable o aquella sensación de que todo se hacía sin esfuerzo, como si quien lo hacía tuviera a su servicio un regimiento de criados o una legión de ángeles. Preguntarse cuándo cocinaba María Victoria era como preguntarse cuándo escribía o cuándo pilotaba aeroplanos. María Victoria era de esas personas a las que les sale bien todo cuanto hacen y además no les cuesta trabajo, o eso parece, porque, al menos en su poesía, la elegante serenidad, el tenso reposo eran los de una mar en calma en cuyas profundidades rugen borrascas imponentes; los de un cielo de verano que de pronto cruza una nube negra con un trueno en sus entrañas de oro. En María Victoria había, pues, un misterio y un secreto.
Cuando un hombre nos deja perplejo, decimos cherchez la femme; por eso, en el caso de María Victoria yo siempre he dicho cherchez l’homme, seguro además como siempre estuve de que el hombre no estaba muy lejos. Conozco pocas personas con una entrega tan total a la poesía como Rafael León. Rafael León vive con, de, en, por, si, sobre, tras la poesía, y es difícil concebir cómo alguien poseído de esa pasión y esa obsesión dejara en un momento determinado de escribir y publicar. José Luis Tejada sostenía que los versos de su hija Eugenia era él en realidad quien se los escribía, y yo le decía que no, que lo que sí era verosímil era que se los puliera y afinara. De esto no me cabe la menor duda desde que se me ocurrió dejarle el original de El engaño del zorzal para que me hiciera una lectura crítica antes de su publicación. Si yo hubiera hecho caso de todas sus observaciones, el libro a lo mejor pasaría por mío, pero en realidad habría sido de él. Por eso nada más lógico que María Victoria no publique un solo verso que no haya pasado por la criba rigurosa de Rafael. Yo creo que, cuando contrajeron matrimonio, Rafael, en lugar de decir “Sí, quiero”, “Me otorgo”, o lo que entonces fuera de rúbrica, debió de decir “Poesía eres tú”, porque la verdad sea dicha es que desde entonces fue incapaz de distinguir “Poesía” de “María Victoria” - ¿quién en su caso no incurriría en análoga confusión? - , de suerte que su dedicación poética no sería ni más ni menos que dedicación conyugal.
Rafael maestro impresor, Rafael fabricante de papel, Rafael diseñador de portadas, Rafael cuidador de ediciones; en esas actividades disimuló Rafael la misma actividad poética que otros, como Machado o Pessoa, encauzaron en apócrifos y heterónimos. Entre tanto María Victoria viajaba; María Victoria asistía a congresos; María Victoria leía ponencias; María Victoria presidía jurados y patronatos; María Victoria ingresaba en Academias; María Victoria recibía visitas de Estado; María Victoria cosechaba laureles con la misma naturalidad y falta de esfuerzo con que en su casa servía un ajo blanco o unas sopas cachorreñas.
Pero es que María Victoria tenía además un agente, un agente secreto, un agente que nadie podía sospechar, porque ¿a qué malagueño le puede caber en la cabeza que Rafael fuera un mago de las “relaciones públicas”? ¿Quién entiende los milagros? ¿Y quién que entienda de poesía puede ignorar que sin milagros, misterios, secretos y enigmas a la poesía no hay quien la entienda?
“Viñamarina”, 8 - 9 de abril de 1996


Thursday, January 26, 2012

Picassiana


Homenaje a Picasso de Sally Mulvihill Duque (6 años)

Wednesday, January 25, 2012

Monday, January 23, 2012

Wednesday, January 18, 2012

Fraga

Escribe Enrique García-Máiquez en Diario de Sevilla http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/1162305/cocodrilos


COCODRILOS

Los italianos llaman a las necrológicas "cocodrilos"… porque suelen abrir admirablemente la boca y soltar una lágrima. Fraga se merece todos los cocodrilos; y en lo personal mucho más, pues sus capacidades intelectuales y las virtudes de su voluntad fueron pasmosas. Para la vida ultraterrena le deseo lo mejor.
Su legado político, en cambio, no podemos juzgarlo tan a la ligera, aunque la gente en general se lance a la loa. Fue uno de los padres de la Constitución y tendremos que ver en qué para esto para hacer un juicio con fundamento. La Transición (con mayúsculas) se ha mitificado mucho, me parece. Contra esa mitificación, arremetió Zapatero, que pretendió bajarla del pedestal a golpe de memoria histórica y glorificación de la república. Ahora, recién descansando de zapaterismo, Fraga se muere cuando regresa con fuerza el mito transicional.
Pero hay que intentar no pensar a golpe de mitos. El otro día nos contaba Roberto Centeno en un artículo sobre el balance económico de la España autonómica que ponía los pelos como escarpias, que su amigo Camilo José Cela le decía: “Nos han jodido bien, si tuvieran vergüenza se pegarían un tiro”, refiriéndose a los padres de la Transición, quienes idearon este modelo de Estado y esta política de partidos. Yo soy muy contrario a que nadie se pegue un tiro, pero la verdad que Cela, ya lanzado a la balística, también podía darse uno en un pie, pues si pensaba así, y con su posición y con su prestigio, podía haberlo dicho en voz alta alguna vez, que buena falta hacía.
Tampoco tengo muy claro yo lo que defendió Fraga en el fondo. Fue perdiendo batallas ideológicas (el centralismo, la defensa del legado franquista, el divorcio, el aborto, la derecha…), pero él siguió ahí, inasequible al desaliento, aunque reconvertido en galleguista, contemporizando, sin que su partido pusiera pie en pared contra el aborto, centrándose cada vez más y más. Cosechó alabanzas de Felipe González, de Santiago Carrillo y de Fidel Castro, además de las lógicas de los miembros de su partido, y ahora las de la afición en general.  Los que le alaban que civilizara a la derecha quizá quieren decir que la volatilizó.
 Pero su partido ha seguido ahí, desde luego, y como dice Rajoy, contando con el apoyo mayoritario de los españoles. Como suele pasar con los hombres públicos de tanto peso, el juicio histórico de su figura no podrá disociarse del que la historia acabe haciendo de la evolución de la España de los últimos cincuenta años, evolución en la que participó desde el principio. Hay algo de narcisismo colectivo en el aplauso general que recibe estos días.

Friday, January 13, 2012

Monday, January 09, 2012

Estaba escrito

                                                      15. Pactos de El Pardo

                                                       (Mandaba Aznar)                         
No es posible que los titulares del Gobierno sean tan tontos. No diré que a lo largo de sus dos legislaturas su gestión haya sido óptima, pero sí desde luego la menos mala desde que se inauguró el régimen que padecemos. Sin embargo, de poco tiempo a esta parte, digamos desde la última crisis de Gobierno, las tonterías y las torpezas que parecían exclusivas de la Oposición han cambiado de campo, mientras la figura del jefe de esta última gana de día en día imagen de solvencia, de responsabilidad y hasta de patriotismo. Yo sospecho que todo esto está pactado y que esta II Restauración se basa también en un “pacto de El Pardo”. Para evitar que ocurra lo de Méjico o lo de Suecia, se ha debido de llegar a un acuerdo de que ningún partido, por bien que lo haga, debe gobernar más de dos legislaturas, y en vez de recurrir al antiguo arbitrio del encasillado y el pucherazo, se le da al electorado la oportunidad de participar en la operación. Se trata, pues, de convencer a la masa inerte, la mayoría silenciosa o lo que sea, eso que llaman el centro, de que la próxima vez hay que votar distinto y eso explica los renuncios en política interior y las sumisiones en política exterior, los abusos del cupo feminista, las plataformas de minorías aberrantes y las candidaturas como la de la alcaldía de Madrid. El hombre masa siempre preferirá una izquierda domesticada a una derecha vergonzante.

                                                  


                                         La Oposición de Su Majestad
                                             (Mandaba Zapatero)
Son conmovedoras, por no decir otra cosa, las ofertas de colaboración de la derecha vergonzante en la lucha contra el terrorismo a un Gobierno que tiene acreditado sobradamente que no está dispuesto a luchar contra él. El terrorismo no es más que la punta de flecha, o la cabeza nuclear, del separatismo, y el Gobierno o, por mejor decir, la clase política en bloque, no tiene nada contra el separatismo, en el que se apoya cuando le conviene, como hizo en tiempos de Aznar y como pudo verse en la asistencia del Partido Popular a la Diada barcelonesa, fiesta del separatismo y la mentira histórica. La lección fue doble, una, la de los separatistas que trataron al P.P. como se merecía, y otra, la de Ciudadanos de Cataluña, que en lugar de adherirse al festolín, organizó lo que cabría denominar un acto de información cívica sobre el auténtico significado de esa fecha. Tampoco se cubrió de gloria el P.P. al sumarse al homenaje parlamentario a don Salvador Allende, aunque con salvedades formales para cubrir el expediente, como hiciera en el homenaje a las Brigadas Internacionales y en la condena institucional del Alzamiento Nacional. Se tiene la impresión de que a todo lo que aspira la Oposición de Su Majestad es a hacerse perdonar la vida por el Gobierno de Su Majestad, dando a entender que, si por arte de magia le diera al pueblo soberano la ventolera de llevarla al poder, su política no diferiría gran cosa de la misma que tanto critica de boquillas.


Sunday, January 08, 2012

El común denominador


                                                      1. Ética democrática
    La ética de la democracia no tiene nada que ver con la denostada moral tradicional, es decir, con lo que siempre entendieron por moral las personas decentes. Esta moral se basaba, si la persona decente era creyente, en la ley de Dios; si no lo era, en la ley natural, que venía a ser lo mismo y que condenaba igualmente los actos contra natura o, dicho de otro modo, los atentados a la naturaleza, empezando por la humana.  Sin embargo, la naturaleza humana  no es perfecta y siempre ha habido criaturas víctimas de una iniquidad cromosómica. Estas criaturas han procurado mitigar su condición y buscar calor y afecto como han podido, cosa que nunca fue ofensiva, al menos en nuestro país, mientras no saliera de la intimidad y de la vida privada. Ahora bien, las minorías abyectas que nos trajo el inmundo espíritu del 68 y que ahora mandan en el mundo, darían en llamar “armario” a esa intimidad y abrieron sus puertas para que dejara de serlo y los demás nos asomáramos, velis nolis, a ciertos abismos del alma humana que deberían ser sagrados y que, al dejar de serlo, resultan patéticos y grotescos.
    Todo esto es la legalidad, una legalidad ante la que han de inclinarse los demócratas como los nazis y los fascistas tenían que inclinarse ante aquellas leyes raciales de los años 40. Yo aquí me identifico con los que entonces se negaron a doblar el espinazo. 

                                                        
                                                                     29.  SIDA
     El sida es una de esas enfermedades que en otros tiempos se consideraban vergonzosas y ahora son motivo de orgullo. El sida no es una enfermedad sexual cualquiera, sino una enfermedad genérica, es decir, vinculada con el género, palabra que ha venido a sustituir a “sexo” en el vocabulario de la corrección política. Y es que sexos sólo hay dos, masculino y femenino, en tanto que el género puede ser masculino, femenino, neutro, común, ambiguo o epiceno. La sustitución del sexo por el género, es decir, del ayuntamiento carnal tradicional por el abanico de opciones eróticas  de la modernidad, coincide con la irrupción del VIH/SIDA. En el lenguaje de la correción política, no hay enfermos del sida, sino  personas que “viven” con el sida. El sida es parte de nuestras costumbres, como lo es el terrorismo, no algo que padecemos, sino algo con lo que tenemos que vivir.
    El sida es el tributo que ha de pagar la sociedad hedonista, un tributo que desgraciadamente pagan justos por pecadores, y que irá a más, como ha ido el terrorismo, porque esta sociedad se obstina en no ir a la raíz del problema, que es moral, y como no quiere ver el nacionalismo detrás del terrorismo, no quiere ver detrás del sida el vicio, o el pecado, por el que se contrae. Si el sida es una enfermedad contagiosa, nada más lógico que aislar al enfermo, como se hacía con los tísicos y ahora casi se hace con los fumadores. Y también sería lógico que los fondos necesarios para combatir la enfermedad los aportara la industria pornográfica por la vía impositiva, ya que es ella la principal culpable de su propagación.