Wednesday, April 18, 2012

Desde la orilla de enfrente


Intrigas y petróleo: a propósito de YPF

Alberto Buela (*)

En estos días llegó a mis manos una nueva edición de Del poder al exilio: quiénes y cómo me derrocaron, un texto de 1955 del general Perón, quien ya en su primera página afirma: “nosotros fuimos víctimas de la sorda lucha por el petróleo… el objetivo era impedir que los recursos petrolíferos argentinos fuesen explotados de manera de concurrir al desarrollo industrial del país... No es difícil comprender que en materia de petróleo, los capitales definidos como europeos son esencialmente británicos” [1]

Esta cita de Perón viene como anillo al dedo porque en estos días el gobierno de CFK expropió el 51 % de YPF (yacimientos petrolíferos fiscales) en la parte que poseía la empresa Repsol, dejando al resto de los accionistas en posesión de sus acciones sin incomodarlos.

El periodismo, como patria locutora que se encarga diariamente de estupidizar a los pueblos planteó el tema como una cuasi guerra entre Argentina y España o como una medida stalinista de estatizar YPF.

Nada de esto es cierto. Primero, porque Repsol, como muy bien observa Antonio Mitre [2] no es, técnicamente, ni una empresa española ni mucho menos del Estado español. El 42% pertenece a BP (British Petroleum) cuando en el 2000 termina de comprar la Amoco, originaria fundadora de Repsol, el 9,5% es de la estatal mejicana Pemex. Repsol declara en España solo el 25% de sus beneficios, y solamente es ésta, la participación que puede llamarse estrictamente española.

En segundo lugar, el gobierno argentino expropia el 51% pero ni estatiza ni nacionaliza, hablando técnicamente. Pues de este 51%, el 49% pasa a manos de las diez provincias argentinas que poseen petróleo y solo el 51% restante queda en manos del Estado nacional.

Resumiendo entonces, el capital accionario de YPF queda constituido de la siguiente manera:

26% propiedad del Estado nacional

25% propiedad de diez Estados provinciales

24,5% propiedad del grupo Eskenazi

6,5% propiedad de Repsol

6% de la secular banca Lazard frères

5% de la banca Eton Park (Goldman Sachs, Mindich y Rosenberg)

5% de inversores no identificados

2% de la Bolsa de Valores de Buenos Aires (grupo Wertheim)

Vemos como el Estado nacional posee solo el 26% y nadie nos asegura que los diez Estados provinciales funcionen al unísono y de acuerdo con él.

Pero por otra parte, y esto es lo que nos llama la atención, el grupo financiero Eskenazi que posee en Argentina la constructora Petersen (contratista del Estado) y los Bancos de las provincias de Santa Fe, San Juan, Entre Ríos y Santa Cruz (la provincia de los Kirchner), es abiertamente pro sionista. Prueba de ello es que al salón principal de la Amia (la mutual israelita) le fue cambiado el nombre por el de “Gregorio Eskenazi”, el abuelo de Sebastián el último gerente de YPF y padre de Enrique, la cabeza del grupo.

Además la sociedad del grupo que controla el 24,5% de YPF tiene su domicilio en Nueva Zelanda y no en Argentina.

Si a este porcentaje sumamos el 2% del grupo Wertheim más el 6 % de la banca Lazard y el 5% de Goldman Sachs, dos bancas internacionales abierta y declaradamente sionistas, vemos que el 37,5% de YPF está controlado por el sionismo internacional.

¿Podrá el interventor por el Estado argentino Axel Kicillof, nieto de un reconocido rabino, lidiar en contra de los intereses de sus “paisanos” y a favor de los intereses de nuestro país?

Es una pregunta muy difícil de responder.

Este es uno de los motivos por los cuales la CGT sacó un comunicado avalando la expropiación de YPF pero afirmando, al mismo tiempo, “esperamos que no haya pícaros, como en la privatización, que quieran sacar provecho personal de este acto de soberanía”. Ojalá podamos recuperar el control y manejo de nuestros recursos naturales para beneficio del pueblo argentino.

Volvamos a la cita de Perón “los capitales del petróleo son esencialmente británicos”. Y esto ha sido históricamente así, al menos en el caso argentino. País que ya antes de liberarse del dominio español había caído bajo el domino británico, pues con motivo de las primeras invasiones inglesas de 1806 y aún cuando Inglaterra fue derrotada, nos dejaron de regalo a los comerciantes y prestamistas ingleses. En 1824 el gobierno de Rivadavia pidió un empréstito a los hermanos Baring y nunca más nos liberamos de “Incalaperra”, como dice el Martín Fierro.

Respecto del petróleo sabemos que fue descubierto en 1913 en la zona costera de la Patagonia y que en 1922 [3], y al negarse Gran Bretaña a vender gasolina para los aviones argentinos, el gobierno de Yrigoyen decide fundar YPF y pone al frente al general Mosconi quien, terminado su mandato es reemplazado por el general Alberto Baldrich hasta que el golpe de Estado de 1930 lo desplaza de la dirección de la empresa.

En 1958 el presidente Frondizi, contradiciéndose de lo afirmado en su libro Petróleo y política , abre las puertas de par en par a la inversión privada extranjera.

En 1963, el gobierno radical de la misma raigambre ideológica de Yrigoyen, anula los contratos petroleros. Y comienza una burocratización de YPF que llega a 50.000 empleados. Llegando a ser la única compañía petrolera del mundo que daba pérdidas.

En 1974, el gobierno de Isabel Perón nacionaliza las bocas de comercialización de petróleo.

En 1992, bajo la nefasta presidencia Menem, se privatiza la empresa y en 1999 Repsol adquiere la casi totalidad de las acciones.

En 2007, el grupo Eskenazi de estrecha vinculación con Néstor Kirchner, adquiere el 14,5% de las acciones que le vende Repsol y en 2010 compra otro 10%.

Es digno de destacar que en la historia del siglo XX, ninguna empresa petrolera del mundo se ha vendido sin una guerra mediante. Ningún Estado nacional, teniendo una empresa propia, la entregó sin haber antes ido a una guerra para defenderla.

En América del Sur, norteamericanos e ingleses desataron una guerra en 1935 entre Bolivia y Paraguay para dirimir sus cuestiones petroleras en zona del Chaco boreal. Es que habían chocado los intereses de las compañías petroleras.

Vimos cómo Inglaterra nos niega a nosotros en 1922 combustible para nuestro desarrollo aeronáutico.

Modernamente las guerras de Afganistán e Irak son guerras por el control del petróleo.

Incluso países militarmente débiles como México o Venezuela no cedieron a las infinitas presiones para privatizar sus empresas nacionales de petróleo.

El único caso es la Argentina de Menem que vendió a precio de desguace la petrolera, en esa época, estatal. Paradójicamente, en esa entrega estuvieron los Kirchner, él como gobernador de Santa Cruz y ella como diputada nacional.

La vida te da sorpresas

Sorpresas te da la vida.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Saludemos esta medida pero estemos prevenidos.

Sería de esperar que esta expropiación de YPF se enmarque en un plan nacional de manejo de los hidrocarburos. Que no quede en una medida coyuntural. Que no se limite a algo circunstancial como expropiar para expoliar. Qué los directores sean honestos y austeros. En definitiva, que esta medida heroica, por lo riesgosa, tomada por el gobierno nacional ayude a la recuperación de los valores patrios y al logro de la buena vida de los argentinos.

(*) arkegueta, eterno comenzante

buela@disenso.org

www.disenso.org



[1] Ed. Fabro, Buenos Aires, 2012, pp. 9 y 11

[2] Datos sobre Repsol, para reflexionar, en Internet, 17/4/12

[3] Una acabada y breve exposición sobre el desarrollo de YPF es la del investigador en temas económicos y geopolíticos Carlos Andrés Ortiz, que puede consultarse en Internet.

Monday, April 16, 2012

Ficción y realidad


La Condesa de Noailles y la Cartuja
Una mañana de fines de marzo de 2012, mientras hacía tiempo para el AVE, me compré por un euro en la Cuesta de Moyano la novela de Henry Bordeaux La Chartreuse du Reposoir, impresa en París en mayo de 1924. Más de una vez, en libreros de viejo de Francia o Suiza, había buscado ese título, perdido en la inmensa producción de su autor, muy leído en su día y más o menos arrumbado por las vanguardias antes de serlo por las depuraciones de trasguerra. Yo sabía de esa obra desde mis últimos años de bachillerato, por un nuevo condiscípulo procedente del colegio de jesuitas de Villasís que se llamaba José García Pinelo, que la había leído durante una larga convalecencia. No me costó mucho trabajo localizar a este antiguo amigo, que se mostró maravillado de que me acordara de algo ocurrido más de sesenta años atrás, pero más maravillado quedé yo al empezar a leer y reconocer a la persona que, a mi juicio, sirvió a Bordeaux para trazar el personaje angular de su dramática ficción. Mi familiaridad de muchos años con las orillas del lago Lemán no dejó de ayudarme, ya que el personaje en cuestión aparece por vez primera en la playita de su château junto al lago. Más de una vez pasé ante el muro gris y la cancela de la propiedad que Anna de Noailles tenía a orillas del lago, entre Thonon y Evian.
La misteriosa condesa de Laury no queda lo que se dice demasiado bien parada en la novela de Bordeaux, aparecida cuando Anna de Noailles tenía aún nueve años por delante, y mucho me extrañaría que ya en su día no hubiera habido comentarios o reacciones en un medio tan chismoso como el literario. Lo único que he encontrado que relacione a Bordeaux con la Noailles es un texto suyo de su aportación al libro Portrait de la Savoie par ses écrivains, en el que dice:
Me acuerdo, siendo yo un adolescente, de haberme fijado en una calle de Thonon, mi ciudad natal, en dos niñas vestidas de color claro cuyos andares saltarines de gacela y cuyos ojos extraños me hicieron tomar por extranjeras, y tal vez, sin el lujo de su atavío, por esas zíngaras que salen de los carromatos y dicen la buena ventura.
Quise saber quiénes eran y me dijeron: ¡Son las pricesitas Brancovan! Solían pasar el verano, y a veces el otoño, en una villa que su padre, un príncipe rumano, había mandado construir en Amphion, entre Evian y Thonon, y que reflejaba sus tonalidades rosadas en las aguas del lago. Una de ellas sería más adelante Anna de Noailles y ya sus grandes ojos absorbían los paisajes que, ya desde tan joven, la habían de inspirar.
En las primeras páginas de la novela, introduce así el narrador a su antagonista:
…vi venir hacia mí, por el sendero que bordea la orilla sin ceñirse demasiado a ella, a las dos damas que me habían mencionado y que yo llevaba mucho tiempo acechando desde mis observatorios: la madre y la hija sin duda; la madre, de una belleza madurante y morena que al pronto me inspiró aversión, pues saltaba a la vista que era de esa clase de mujeres habituadas a tener gente en su torno, a recibir toda suerte de homenajes, a imponer su autoridad como un dogma, y semejante juego no es soportable si no lo acompaña la gracia todopoderosa de la juventud; la hija, larga y delgada, algo desgarbada aún, los cabellos castaños trenzados, bonita tez de rubia, aire reservado e incluso lánguido y triste, bastante sorprendente en un rostro de quince o dieciséis años (no aparentaba mucho más). De lejos, había podido tomarlas por dos hermanas, pues la mayor caminaba con un aplomo ingrávido y la más joven con cierto abandono y casi cansancio de vivir.
En mi opinión, la descripción de madre e hija en la ficción no es más que una elaboración de aquella primera impresión de las dos princesitas en la evocación del adolescente. Es más, el que habla en primera persona en la novela es un adolescente, sobrino de una de las víctimas de aquella femme fatale, la condesa consorte de Laury, a quien las malas lenguas culpaban de dos asesinatos impunes y que debió de ser en la vida real Anna de Noailles.
Henri Bordeaux le llevaba seis años a Anna Brancovan. Nació él en 1870 el año de la Débâcle, y ella en 1876. En esos años se habían producido en Francia grandes convulsiones, y a su sombra se mueven los personajes de la novela: la madre y la tía abuela del joven narrador y el marido aristócrata de la protagonista. Los rasgos autobiográficos no faltan, y el autor ni se molesta en cambiarle el nombre a la tía abuela, la tía Dine, máxima autoridad moral en una familia sin varones adultos.
Yo me pregunto si Henri Bordeaux llegó a vivir con Anna de Noailles algún idilio borrascoso que traspuso literariamente a la tragedia de un tío del joven narrador, abogado como él, ex combatiente de Argelia y de 1870, y miembro de una familia tradicionalista, católica y monárquica. A Anna de Noailles la retrataron los mejores artistas de la época, desde Laszlo hasta Zuloaga.
Hace muchos años, acompañaba yo a un tío mío pintor en una visita al Museo de Bellas Artes de Bilbao, cuando estaba junto al puente de San Antón sobre el Nervión, y un empleado del Museo nos comentaba delante del retrato de la condesa de Noailles que Zuloaga, cada vez que venía, pedía una silla para contemplar el cuadro en silencio. Mucho debía de ser lo que el cuadro le traía a la memoria. René Benjamin, otro importante escritor de la época, en su libro de título proustiano Sous l’oeil en fleur de Madame de Noailles , nos da un retrato psicológico de la femme de lettres que no pretende ser real pero que resulta harto verosímil y del que se desprende que más que una mujer era el chisporroteo de una inteligencia sin brújula que manejaba las entradas y salidas de unos personajes de vaudeville que gravitaban en torno al lecho o al diván de enferma imaginaria desde el que recibía zalemas, ofertas, demandas o amenazas con la misma frívola e incoherente irresponsabilidad.
Anna de Noailles opinaba que lo único inmortal del ser humano es el esqueleto. Ella debía de estar bastante orgullosa del suyo, que aunque pequeño, era perfecto. Por eso no me explico que a la hora de su muerte dispusiera que su corazón se depositara en el convento de las Clarisas de Evian. En aquellos tiempos preconciliares, las Clarisas declinaron el ofrecimiento, y el corazón de Anna fue depositado bajo una estela funeraria en la propiedad de la familia junto al lago de Ginebra. Quién sabe si la condesa habría hecho mejor legando, en lugar del corazón, el astrágalo o la clavícula.

Sunday, April 15, 2012

Misericordia


Hoy domingo 15 de abril, segundo Domingo de Pascua y Octava Pascual, es día consagrado por S. S. Juan Pablo II a la Divina Misericordia. Dos hijas mías son religiosas y pertenecen a una orden joven y pujante denominada Hijas del Amor Misericordioso, a las que llamo las Mansillas, para abreviar y en memoria de su difunto fundador, el P. Mansilla S.J., natural de Alcalá de los Gazules. Una de ellas me avisó que esta mañana a las ocho y media cantaban en una misa celebrada en Madrid que retransmitía Radio Nacional de España. Mi mujer, como suele hacer cada domingo que no llueva, se levantó de madrugada para irse al alucinante baratillo del Charco de la Pava y me dejó puesta la radio con la misa. Yo me volví a dormir, aunque no estoy demasiado seguro, y al oir los cánticos monjiles di en pensar, o en soñar, que ya había pasado a mejor vida y lo que oía era música celestial. Una urgencia fisiológica me sacó de mi engaño. Y es que, como dice Woody Allen, la diferencia entre estar muerto y estar dormido es que no hay que levantarse a orinar.

Saturday, April 14, 2012

Día nefasto



¡Que esto tenga que pasar un 14 de abril!

Thursday, April 05, 2012

Esperanza nuestra

Monday, April 02, 2012

Martes Santo




La Angustia y la Buena Muerte o la hermandad de los Estudiantes
Al hablar de la Cofradía de los Estudiantes de Sevilla, yo no tengo más remedio que volver sobre los tiempos en que en Sevilla fui estudiante, cuando la Hermandad se alojaba en la iglesia de la Anunciación, paredaña con la antigua casa profesa de la Compañía de Jesús, sede en mis tiempos de la Universidad Hispalense. De todos mis maestros guardo un grato recuerdo, y uno de ellos en especial fue para mí un estímulo y un ejemplo y en cierto modo marcó el derrotero de mi vida. Me refiero a don Ignacio María de Lojendio. En aquellos años, Lojendio, cuya palabra nos embelesaba en sus breves y fulgurantes clases universitarias, había protagonizado dos acontecimientos culturales de los que habló toda la ciudad; uno, su discurso de ingreso en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras el domingo 26 de noviembre de 1950, y otro, pocos meses más tarde, el domingo 4 de marzo de 1951, IV de Cuaresma, Dominica de laetare, el Pregón de Semana Santa. Uno fue consecuencia del otro, y ambos una jubilosa meditación sobre la muerte. La edición y la distribución del Pregón corrió a cargo de dos hermandades señeras: la de los Estudiantes y la de la Amargura, y el germen de lo que había de ser el Pregón estaba ya en el discurso de Buenas Letras, donde Lojendio, apoyándose en Séneca y en el P. Nieremberg, dice textualmente: “La materialidad de la muerte no interesa; lo que importa es morir bien o mal -…” El discurso académico de Lojendio era un extracto de un opúsculo titulado La muerte, en el que extraía unas novedosas consecuencias del pensamiento de un filósofo entonces muy en boga: Martin Heidegger. Con el apoyo de muy vastas y varias lecturas, a partir de un substrato cultural nada improvisado, venía el profesor Lojendio a concluir que ni la vida ni la muerte eran hechos absurdos, sino que ambas se daban mutuamente sentido y razón de ser. Lo novedoso de Lojendio era la sustitución de la nada heideggeriana por la Resurrección paulina, argumento decisivo para que la muerte sea una buena muerte.
Del mismo modo que ese concepto senequista, pasado por las angosturas de Kierkegaard, de Scheler, de Unamuno, de Heidegger hasta desembocar en el más moderno de todos, en Pablo de Tarso, fue el germen del canto a la fe, a la esperanza y a la caridad en que consistió el Pregón de Semana Santa de aquel joven catedrático, la cofradía de sus alumnos y compañeros, paredaña, repito, del claustro universitario de la calle Laraña, una cofradía joven, tanto por sus hermanos como por la fecha de su fundación, tenía el suyo en el Crucificado de Juan de Mesa que desde el siglo XVII estaba ya en la iglesia de la Anunciación, en una imagen que respondía precisamente a la advocación de Cristo de la Buena Muerte. Esta obra de arte de la gran imaginería sevillana del Barroco fue la imagen y el símbolo más adecuado para una hermandad fundada en el Laboratorio de Arte de la Universidad. Desfiló procesionalmente en 1926, a los dos años de la fundación de la Cofradía, y estuvo por así decir huérfano de madre hasta 1931 en que un imaginero de la época, Antonio Bidón, tío carnal por cierto del poeta Luis Cernuda, tallara una Dolorosa bajo la advocación de Nuestra Señora de la Angustia. No sé si se hizo a propósito esta asociación de conceptos, el de la Angustia y el de la Buena Muerte, al denominar la nueva imagen, pero sí que es cierto que el pregonero universitario de 1951 los tuvo muy presentes y los desarrolló con gran sutileza cuando habló de las “angosturas” antes mencionadas en la gran filosofía de su tiempo: desde el Angst de Kierkegaard hasta la agonía de Unamuno.
Las “angosturas” en que los españoles se metieron en 1931 no tenían más remedio que repercutir en las hermandades de penitencia. La separación de la Iglesia y el Estado se entendió como enfrentamiento de la Iglesia y el Estado y, dado que, según una voz dominante entonces, “España había dejado de ser católica”, el Rector de la Universidad decretó la clausura de la capilla universitaria, donde las imágenes quedaron en situación de arresto, mientras la hermandad se refugiaba en la iglesia del Salvador donde las adoraba en fotografía. Esta angustiosa situación duró hasta 1935 en que por fin pudieron procesionar, hasta que en 1936 estuvieron a punto de dejar de hacerlo por mucho tiempo. Muchas imágenes sevillanas se vieron obligadas a “entrar en la clandestinidad”, por así decir, a esconderse y disfrazarse para no correr la suerte que había corrido la Hiniesta y pudo haber corrido la Macarena: de arder con sus templos. La iglesia de la Anunciación, por su proximidad al foco del Alzamiento militar, se libró de correr esa suerte y pudo luego acoger a la Macarena mientras se edificaba su nuevo templo.
Todo eso era historia pasada cuando yo llegué al patio de Maese Rodrigo, donde ya los estudiantes convivían pacíficamente con su hermandad. Esa convivencia seguiría al trasladarse la Universidad a la antigua Fábrica de Tabacos, y eso que en años venideros no faltarían turbulencias no ya en la Universidad, sino en la Iglesia misma. Cuando hay Fe y Esperanza y Caridad importan muy poco las “angosturas” que dan sentido a la vida y serenidad a la muerte.


Jueces para la democracia