Tuesday, July 29, 2014

La trahison des clercs

(Julien Benda)

¿por qué, en los años de la posguerra europea y más o menos hasta mediados de los años 60, los intelectuales franceses, de Louis Aragon a Sartre, de Emmanuel Mounier a Paul Éluard, de Julien Benda a Simone de Beauvoir, de Claude Bourdet a Jean-Marie Doménach, de Maurice Merleau-Ponty a Pierre Emmanuel, etcétera, fueron pro soviéticos, marxistas y compañeros de viaje del comunismo? ¿Por qué resultaron los últimos escritores y pensadores europeos en reconocer la existencia del Gulag, la injusticia brutal de los juicios estalinistas en Praga, Budapest, Varsovia y Moscú que mandaron al paredón a probados revolucionarios? Hubo excepciones ilustres, desde luego, Albert Camus, Raymond Aron, François Mauriac, André Breton entre ellos, pero escasas y poco influyentes en un medio cultural en el que las opiniones y tomas de posición de los primeros prevalecían de manera arrolladora.
(Emmanuel Mounier)
Judt traza un fresco de gran rigor y amenidad del renacer de la vida cultural en Francia luego de la liberación, una época en la que el debate político impregna todo el quehacer filosófico, literario y artístico y abraza los medios académicos, los cafés literarios y revistas como Les Temps Modernes, Esprit, Les Lettres Françaises o Témoignage Chrétien, que pasan de mano en mano y alcanzan notables tiradas. Comunistas o socialistas, existencialistas o cristianos de izquierda, sus colaboradores discrepan sobre muchas cosas, pero el denominador común es un antinorteamericanismo sistemático, la convicción de que entre Washington y Moscú aquél representa la incultura, la injusticia, el imperialismo y la explotación y éste el progreso, la igualdad, el fin de la lucha de clases y la verdadera fraternidad
Tony Judt muestra cómo ser un aliado de los comunistas era la mejor manera de limpiar un pasado contaminado de colaboración con el régimen de Vichy. Es el caso, por ejemplo, del filósofo cristiano Emmanuel Mounier y algunos de sus colaboradores de Esprit, quienes, en los comienzos de la ocupación, habían sido seducidos por el llamado experimento de nacionalismo cultural Uriage,
(Pierre Emmanuel)

(Fragmentos de la reseña del libro de Tony Judt Past Imperfect: French Intellectuals, 1944-1956 publicada hoy por Mario Vargas Llosa en La Nación de Buenos Aires.)

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Saturday, July 26, 2014

Viento Norte

Decadencia

Por qué puede caer España

El fenómeno es tan inexorable que casi dan ganas de enunciarlo como una ley física: la caída de una estructura política no la provoca la acción exterior del enemigo, sino su demolición interna. La clave no está en las flechas arrojadas desde fuera, sino en las termitas alojadas dentro.
En pocas cosas es tan elocuente la historia de la Humanidad. El cristianismo no habría podido implantarse en Europa si los viejos cultos paganos no hubieran sido objeto de mofa desde tiempo atrás. Los bárbaros nada habrían podido contra Roma si ésta no hubiera sustituido la milicia por la molicie. Sin disolución y corrupción interna tampoco los otomanos habrían abatido Bizancio, ni los bolcheviques el régimen zarista. El Antiguo Régimen se derrumbó cuando los propios aristócratas y reyes asumieron las críticas de sus enemigos, aplaudieron sus burlas e incluso, como María Antonieta, fueron a poner flores a la tumba de Rousseau. El Imperio Británico no fue vencido militarmente por hindúes y nigerianos, sino que se diluyó cuando los británicos dejaron de creerse su papel de civilizadores de los pueblos afroasiáticos. Tampoco el desprestigio de la Iglesia Católica ha llegado de fuera: si hoy está en las últimas es gracias a su empeño en autodestruirse, tan evidente desde, por lo menos, mediados del siglo XX. Y, de modo paralelo a lo que sucede con la religión sobre la que se edificó Occidente durante dos milenios, éste no tardará en desaparecer por sus propios méritos: lleva demasiado tiempo riéndose y odiándose a sí mismo como para que ahora pueda evitar su derrumbe en el improbable caso de que lo intente.
Lo mismo le sucede a la enfermizamente autocrítica España, principal gozadora de su propia denigración. Pues la nación discutida y discutible no caerá por la acción de los separatistas que niegan su existencia, sino por la indefensión provocada por los españoles que llevan por lo menos un siglo despreciando y odiando a su propia nación, concentrados sobre todo en eso que se llama izquierda. Aunque a estos efectos la izquierda comienza bastante a la derecha.

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Friday, July 18, 2014

Los Machado en el Parque de María Luisa

                                         Los Machado en su glorieta
Antonio Machado no tuvo que ir muy lejos para encontrar a su complementario, ése, como él decía, “que marcha siempre  contigo/ y suele ser tu contrario”. No es posible que fueran más distintos ni estuvieran más unidos estos dos hermanos nacidos con un año de diferencia. El menor no tenía que mirarse en un espejo para ver al otro que iba con él, que no era otro  que su hermano mayor. Aún en Sevilla recogieron la misma tradición familiar, la que, a través de Demófilo y don Agustín Durán, los enlazaba con Augusto Ferrán y Gustavo Adolfo Bécquer y, ya en Madrid, se beneficiarían por igual del magisterio y el ejemplo de Giner y de Cossío.  Con escasos meses de diferencia marchan a París, al París de Moréas, de Paul Fort, de Nervo, de Darío…y de Gómez Carrillo, el gran trujimán que les hace conocer entre otros monstruos sagrados a lo que queda de Oscar Wilde. Las mismas amistades, las mismas devociones, los mismos gustos, las mismas lecturas, pero qué diferencia de temperamentos.  De regreso en España, el mayor, flamenco y marchoso, el que ha escrito que “consagrarse a una sola mujer es ser infiel a todas las demás”, se casa con una prima sevillana que va para monja y a la que será siempre fiel sin dejar de serlo “a todas las demás”. El menor, ya talludito, se casa con una adolescente y se gana esa cencerrada que en los pueblos solía darse a los recién casados de cierta edad.  Sus poéticas se entrecruzan; muy dados ambos a los autorretratos, a veces hay versos en los que el menor habla de sí mismo pero parece referirse al mayor: En Santo Domingo,/ la misa mayor./ Aunque me decían/ hereje y masón/, rezando contigo, ¡cuánta devoción!  Algo debe de haber también en Las coplas por la muerte de Don Guido del hermano que comulgaba con Montmartre y con la Macarena. Este en cambio en unas Anotaciones para un soneto, soneto que se iba a titular “¡Hermano mío!” tiene expresiones como “El brío/ de la amargura en piedra hermano mío!”, “Patrio dolor” y otras que siguen que son algo  más que un eco de aquellos versos de Antonio al escultor Emiliano Barral: dos ojos de un ver lejano/ que yo quisiera  tener/ como están en tu escultura: / cavados en piedra dura,  /en piedra, para no ver. En otro “Boceto de poema”: Mi hermano (el mejor poeta/ de España, sin duda alguna) / cantó ayer la silueta / de Soria bajo la luna.  Este poema de Manuel, que es algo más que un mero boceto, es nada menos que un canto o una elegía a Castilla, esa Castilla en la que “el mejor poeta de España” dijo haber nacido, “no a la vida, al amor”.  Nada de particular tendría que esta devoción por Castilla, que los aproxima a ambos a la Generación del 98, la contrajeran los dos hermanos sevillanos en su juventud en las aulas de la Institución Libre de Enseñanza.  Hablé antes del magisterio de Giner y de Cossío.  Al conmemorarse el IV centenario del nacimiento del Greco, se ha hecho más bien poco caso del hombre que lo rescató del olvido hace justamente un siglo: don Manuel Bartolomé Cossío, y es que Cossío tuvo el acierto de situar al griego en el paisaje con el que se identificó, que era el de esa Castilla germinal de lo español que vieron él, Giner, García Morente, Américo Castro, Menéndez Pelayo, el Manuel Machado que canta al Cid camino del destierro o el Antonio Machado que compara a Cossío con el Spínola de Las lanzas

Alguna vez he dicho que, en nuestra contienda fratricida, ambos hermanos, el de Burgos y el de Valencia, habían representado lo mejor que había en ambos bandos y que sus versos de propaganda bélica son en muchos casos intercambiables, y es que ellos, incluso en aquellas trágicas circunstancias, nunca dejaron de ser lo que siempre fueron el uno para el otro.  Esa fusión espiritual y estilística ya se había plasmado coram populo en el teatro que escribieron en colaboración.  Su primera obra fue Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel  con motivo de cuyo estreno, acaecido en 1926, en plena  Dictadura de Primo de Rivera, los Machado eran objeto de un homenaje de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Institución Libre de Enseñanza en el jardín de su sede, sita en el madrileño Paseo del Obelisco, en que don Manuel Bartolomé Cossío tras evocar “la sombra del maestro” ( o sea, Giner) glosa un pasaje de la Iliada , la exhortación que el viejo Phenix dirige a Aquiles, para decir a los poetas: “Acordaos de cuando erais niños, de cuando vuestro padre, aquí amado de todos, os envió a esta casa –donde yo prediqué siempre el saber sobrio- para aprender dos cosas, las mismas que Aquiles: a decir bellas palabras y a ejecutar nobles hechos.” 

Tres años después, en 1929,estrenaban los Machado su obra de más éxito, La Lola se va a Los Puertos. Es muy conocida la foto del estreno de La Lola se va a los Puertos, en la que aparecen los dos hermanos Machado con don Miguel Primo de Rivera y su hijo José Antonio, de etiqueta los cuatro. Ese estreno fue ocasión de otro homenaje a los autores de la obra, acto que presidió el Dictador y ofreció su hijo, quien exaltó a los dos hermanos homenajeados como “receptores y emisores de la gracia, de la alegría y la tristeza populares”, contrastándolos “con el intelectual inhospitalario y frío, encerrado en su torre de marfil, insensible a las vibraciones del verdadero pueblo. No estaría de más subrayar – proseguía el novel orador – que el homenaje es a los poetas, sí; pero también a los dramaturgos.  Hay que acabar de una vez con esa crítica miope – y tanto más emocional cuanto más libre de prejuicios quiere parecer -, que cada vez que estrenan los Machado sólo deduce el triunfo de los poetas. No. El público que ovaciona a los Machado es público de teatro, y les rinde el tributo de su admiración porque son los dramaturgos, los constructores dramáticos quienes le emocionan y encantan.  Que son dos grandes poetas ya lo sabemos todos hace muchos años.  Hay escritores a quienes sólo se puede admirar. A otros, como a Manuel y Antonio Machado, se les admira y se les ama.”
Hace unos años, vino destinado a Sevilla como Presidente de la Audiencia un magistrado del colectivo, o colector, Jueces para la Democracia que en su discurso inaugural dijo, puede que citando  a Sartre, que “el juez debe mancharse las manos con el trabajo”. Las manos con el trabajo, que yo sepa, siempre se las ha manchado el obrero, porque el pobre no ha tenido más remedio, nunca los miembros de las profesiones liberales, entre los que hasta ahora figuraban los jueces. Ahora las cosas son distintas. Ahora los jueces son “jueces para la democracia” que leen a Sartre y se sienten obreros, y como obreros y sartrianos tienen el deber de ir con las manos sucias.Estos personajes que prefieren prometer a jurar cuando toman posesión ante los micrófonos sagrados, suelen sobredorar sus peroratas con citas de uno de los Machado. El personaje que me ocupa prefirió citar a Sastre, y por eso yo, para compensar, cerraba un comentario mío citando, no a uno de los Machado, sino a los dos, inseparables e indistinguibles en unos versos de La Lola se va a los Puertos, obra escrita en unos años, vísperas de la dictadura de Primo de Rivera, en que las más altas magistraturas estaban también en avanzado estado de descomposición:
Todo se democratiza;
barato y a la carrera
se hace todo…
Ya todo es uno y lo mismo.
El sexo es una entelequia.
Los hombres y las mujeres,
como ellos dicen, se encueran
por menos de nada…y nada,
ni notan sus diferencias.


Los Machado son lo único moderno en esta España retrógrada; lo único limpio en esta España de las manos sucias.
(Texto leído en el homenaje a Manuel y Antonio Machado en la glorieta de su nombre del Parque de María Luisa en el atardecer del 17 de julio de 2014)

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Thursday, July 17, 2014

18 de julio. Palabra de rey.



"... recibo de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo Franco la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936, en medio de tantos sacrificios, de tantos sufrimientos, tristes pero necesarios, para que nuestra Patria encauzara de nuevo su destino"

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Wednesday, July 16, 2014

Entrevista traspapelada

Véase entrevista en El Correo de Andalucía
(Gracias, "Belmontito")

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Sunday, July 13, 2014

Los Machado en su Glorieta


El jueves 17 de julio a las 21:00 en el Parque de María Luisa

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Friday, July 11, 2014

Monsergas académicas

  • 11 jul. 2014
  • ABC (Sevilla)
  • AQUILINO DUQUE Premio Nacional de Literatura

LA MONSERGA DE NEBRIJA

Si la lengua castellana alcanzó la extensión que tiene y gracias a Dios conserva, ello fue gracias a que España tuvo, por fas o por nefas, un Imperio, de cuyas cenizas surgió el Ave Fénix de la Hispanidad

YA no queda memoria en nuestra patria de la retórica del Imperio y de la Hispanidad. Para las nuevas generaciones de españoles debe de ser algo tan arcaico, tan remoto y tan inconcebible como el patriotismo nacional, reducido a un «españolismo» vergonzante en algunas regiones españolas que preferirían no serlo. Sin embargo, los azares de la vida me hicieron ver muy pronto, cuando tuve que ganármela, la inmensa y profunda realidad que encubrían los tropos retóricos de mi niñez y mi juventud. En un ambiente incluso más bien ajeno al vulgo profano, que diría Horacio, o al servum pecus, que diría Costa, como es el de una Real Academia, comentaba un colega, medievalista él , que aún estaba esperando que alguien le explicase qué era eso de la Hispanidad. No perdí tiempo en decirle que era algo con lo que yo me ganaba la vida, y conmigo muchos compatriotas, sobre todo catalanes y vascos, que a la hora de figurar en nómina, no vacilaban en consignar que la española era su lengua materna. Hablo de los servicios lingüísticos de los organismos internacionales, en los que los naturales de la metrópolis no ejercían ningún monopolio, pues en nuestro caso, que era el de España, bien poco peso teníamos como para que nuestro idioma fuera, como fue, uno de los cinco oficiales de la ONU y organismos especializados. Quiero decir con esto, que el español era lengua oficial, no porque fuera la lengua predominante en la Piel de Toro, si no porque era la lengua además de medio continente americano. Si la lengua castellana alcanzó la extensión que tiene y gracias a Dios conserva, ello fue gracias a que España tuvo, por fas o por nefas, un Imperio, de cuyas cenizas surgió el Ave Fénix de la Hispanidad. Pero el que un concepto derive del otro no quiere decir que sean sinónimos. Es más, precisamente Ramiro de Maeztu, el campeón de la Hispanidad, sostenía que Hispanidad no era el sinónimo de Imperio, sino su antónimo, en el sentido de que Imperio implica jerarquía, y la Hispanidad es la casa común de los que hablamos español o castellano. El hecho de haber tenido jefes ultramarinos que guiaran mis primeros pasos es lo de menos; la suerte es que también lo fueran muchos de mis compañeros, de los que mucho aprendí, hasta el punto de tener a veces la impresión de haber vivido en algunas de aquellas lejanas repúblicas. Digo todo esto porque no hace mucho leí en una conferencia pronunciada en Ginebra por un competente colega celtibérico que eso de Nebrija de que la lengua es compañera del Imperio es una monserga. Si tal fuera el caso, mal veo cómo hoy hablaría «la lengua del Imperio» una parte considerable de los habitantes del planeta.
Esa «lengua del Imperio» que me unía tanto a los hispanoamericanos como a los españoles, exiliados o no, a quienes tuve por compañeros, fue mi vínculo con Fernando Aguirre de Cárcer. Fernando Aguirre, nieto de militar preceptor del joven rey Alfonso XIII, hijo, sobrino, hermano, primo de diplomáticos, diplomático él mismo, tuvo que rehacer su vida profesional y lo hizo con una brillantez y una intensidad inusitadas. Su último destino fue Manila y en Manila estaba de embajador en 1980 un pariente suyo, no recuerdo si Nuño o Rodrigo, a quien nunca agradecí debidamente que me diera un pasaporte de urgencia en sustitución del que eché de menos cuando me disponía a dirigirme al aeropuerto. Tanto en Ginebra como en Roma su productividad rompió todos los baremos y llenó ceniceros a mansalva. Era una máquina de fumar y traducir. En los prólogos del libro suyo que presentamos en la biblioteca del Liceo Francés de Madrid se dice mucho de él, de sus gustos literarios y de su entorno familiar, gracias al testimonio de su hermano José, fallecido cuando el libro estaba en prensa. También es una pena que no esté entre nosotros otro compañero, de él y de mí, Manuel Barrios Trujillo, de cuyas manos recogí el original mecanografiado, rescatado por él a la muerte de Fernando. Hay algo sin embargo en lo que me gustaría insistir, y es en la compenetración que siempre tuvo Fernando Aguirre con la lengua francesa y en el amor por su literatura. Ese amor — quien lo probó lo sabe— le llevó a poner en verso castellano una antología de versos espigados con buen gusto y conocimiento de causa. A mí me gustaría contribuir a este amor por la poesía francesa y al recuerdo del amigo y del colega recomendando la lectura de esta antología titulada «Poesía francesa en verso castellano» publicada por la editorial burgalesa Dos soles dentro de la colección «La valija diplomática», creada y dirigida por Alonso Álvarez de Toledo y Merry del Val, marqués de Martorell y Embajador de España.

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Monday, July 07, 2014

Inasequibles al desaliento

Friday, July 04, 2014

Material autobiográfico




ABC de Sevilla, viernes 4 de julio de 2014

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